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Jorge Espinosa
Puntos de vista

‘Fico’ y los libros

No conozco al profesor Jaime Rafael López Nieto, autor del libro El M-19, de la guerra a la política. Supe de él gracias al intento de censura que ejerció el alcalde de Medellín Federico Gutiérrez, que unos minutos antes de la presentación del libro ordenó cancelar el evento https://x.com/FicoGutierrez/status/2046708020672131285 porque “el M-19 no fue un ‘relato romántico’: fue un grupo armado terrorista que dejó víctimas, dolor y muerte en Colombia. Recordemos el Holocausto del Palacio de Justicia. Nuestra ciudad respeta la memoria de las víctimas, no la propaganda de quienes empuñaron las armas”. Luego añadió que el evento tenía un carácter político, que ninguna entidad pública podía albergarlo por ley de garantías, y que era “inaceptable que alguien de la Biblioteca hubiera permitido esta agenda”. 

No he leído el libro, como tampoco lo ha hecho el alcalde Gutiérrez, y no necesito hacerlo (aunque después de toda la polémica quiero comprarlo, leerlo y comentarlo, porque eso pasa con la censura: termina siendo un magnífico modo de hacerle propaganda) para defender el derecho que tiene el profesor López Nieto a escribirlo, publicarlo y presentarlo en la Biblioteca Pública Piloto o en cualquier otro sitio, privado o público, de la ciudad. No solo es pueril que el alcalde ordene censurar la presentación de un libro que no ha leído: es una clara violación al artículo 20 de la Constitución. Afortunadamente para el profesor López Nieto, la que sería una presentación con unas cuantas personas terminó en un debate amplio sobre la libertad de expresión, los peligros del autoritarismo (porque la censura siempre será un acto autoritario) y la urgencia de proteger la posibilidad del pensamiento crítico. 

El profesor López Nieto nunca había dado tantas entrevistas en sus 67 años de vida. Al medio El Armadillo https://elarmadillo.co/historias/del-desden-de-petro-al-intento-de-censura-de-fico-hablamos-con-el-autor-del-libro-no-leido-mas-comentado-del-pais/ le contó su recorrido académico y personal, incluyendo su paso por el EPL, las juventudes comunistas y el Partido Socialista Revolucionario (PSR). ¿Lo que sigue ahora, entonces, es que el alcalde afirme que el profesor no puede, tampoco, trabajar en una universidad pública como la Universidad de Antioquia? Si no puede presentar un libro, fruto de sus investigaciones académicas, en una biblioteca pública de la ciudad, ¿tampoco puede ejercer el derecho a la cátedra en una aula pública? 

Si el alcalde —o alguien en su alcaldía— se hubiera tomado la molestia de leer el libro cuya presentación trató de censurar, hubiera descubierto que, tal vez, no es una apología al M-19, sino una mirada crítica a la naturaleza y a los actos de esa guerrilla. En la entrevista a El Armadillo el profesor López comenta: “fui crítico del M-19; padecimos la confusión que padeció toda la izquierda: que no sabíamos qué era el M-19, lo veíamos como muy radical, muy antisistema, pero mandaba señales muy confusas, como esa alianza con la Anapo; confusas como actos terroristas, mataron al líder sindical José Raquel Mercado”. Luego, en un momento inesperado, cuenta que él cree que a Gustavo Petro no le entusiasmó el libro —que en realidad se escribió hace muchos años— porque no aparece mencionado ni una sola vez. Como han dicho muchos otros conocedores de la historia del M-19, Petro fue más bien un personaje insignificante y secundario. Así lo cuenta el profesor López: “Yo lo digo en el epílogo de este libro: Petro no tuvo ningún rol. Él dice que era el que le hablaba al oído a Pizarro y que Pizarro entendió de política gracias a él, pero en mis documentos, fuentes y entrevistas este señor nunca sale”. Luego, haciendo una lectura crítica del libro de Petro Una vida, muchas vidas, añade: “Lo que construye Petro en su libro es un actor que era como una rueda suelta de la dinámica más general del M-19. O sea, un Petro que hacía política pública legal en su pueblo, Zipaquirá, enclave obviamente del M-19, pero como un actor más público”. 

Diré algo más. Incluso si el libro del profesor López fuese una apología al M-19, a sus orígenes, sus causas, sus actos, su reconciliación, su paso hacia la política y, finalmente, al poder, el texto debería no solo permitirse en escenarios públicos, sino debatirse intensamente precisamente en esos escenarios. López tiene el derecho a pensar lo que piensa, nosotros tenemos el derecho a estar de acuerdo con él y, sobre todo, a estar en desacuerdo. Censurar la presentación del libro significa, también, que nos quiten la oportunidad de decidirlo por nosotros mismos. Si permitimos que nos traten como menores de edad, si anulan la posibilidad de que tengamos criterio, terminaremos sometidos a la voluntad del político de turno. Hoy es un libro, ¿qué vendrá luego?

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