
Soy concejal del Pacto Histórico, hace cuatro años, como candidato del Polo Democrático, obtuve una generosísima votación que me llevó a ser el concejal más votado en la historia de mi partido. Intenté ser candidato a la Alcaldía de Bogotá y hoy apoyo con entusiasmo la campaña de Gustavo Bolívar, este domingo 29 de octubre iré muy temprano a votar por Bolívar, pero objetaré conciencia en mi voto al Concejo: ¡No votaré por la lista del Pacto al Concejo de Bogotá!
Pero no lo hago como un ataque al Pacto; todo lo contrario, mi objeción de conciencia nace de lo mucho que me preocupa el futuro de ese sueño de cambio que hoy se llama Pacto Histórico.
Si bien, en la lista del Pacto hay candidatos valiosos que merecen la curul, también hay impresentables, personas que no sólo no tienen los votos para ganar en franca lid, tampoco tienen las credenciales morales para asumir la responsabilidad de decidir en el nombre de casi 8 millones de bogotanos.
Dirán ustedes que en todas las listas hay personas cuestionadas o que generan antipatía, pero en la lista del Pacto hay una diferencia fundamental: se trata de una lista cerrada. Los concejales no serán elegidos de acuerdo con la votación que cada uno consiga, el Pacto entregó un listado con un orden preestablecido, y dependiendo del total de votos, las curules se irán entregando en ese orden inmodificable, por esta razón, los primeros candidatos de la lista están elegidos y los que están en puestos más bajos, digamos por debajo del 15, no tienen ninguna posibilidad de obtener una curul.
A pesar de la solicitud de muchos para que la lista fuera abierta o para que al menos se hiciera una consulta y fuera un proceso democrático el que determinara el orden, la lista terminó armada a bolígrafo, un minúsculo grupo de dirigentes, cómodamente sentados en un club de Bogotá, determinó quienes podían ser concejales y quienes no. ¡Eso no es nada distinto que una supresión de la democracia!
Las tensiones por la conformación de la lista comenzaron meses antes de la inscripción, incluso los dos partidos con mayor cantidad de afiliados: Colombia Humana y el Polo Democrático inscribieron una consulta ante la Registraduría, a pesar de cumplir todos los requisitos y de ser acordada por los organismos de dirección de ambos partidos, la consulta se desmontó tras una reunión en la oficina del entonces presidente del Polo Alexander López. Aunque parezca increíble, a esa reunión incluso asistió el actual director de Colpensiones, Jaime Dussán, padre de una de las candidatas del Polo. No sólo se trata de una inmoralidad, la participación en política de los funcionarios públicos está prohibida en Colombia.
Muerta la consulta, la única posibilidad de determinar el orden de forma democrática era con una lista abierta, lamentablemente la decisión fue cerrarla y obligar a cada partido a entregar un orden. El resultado ya lo conocemos: una rapiña que afloró lo peor de muchos y generó rupturas al interior de los partidos, pero además, fueron los cuatro partidos mayoritarios: Colombia Humana, Up, Mais y el Polo los que se quedaron con la totalidad de las curules elegibles, los demás partidos del Pacto, que apoyaron la lista cerrada con la esperanza de obtener un escaño fueron expulsados a los extramuros del Concejo.
Emplear la marca Pacto para darle curules a gente tan impresentable como los Dussán es un acto que sólo va en contra del proyecto colectivo, quienes creemos en la unidad de las izquierdas, quienes creemos en los cambios que propone el presidente Petro, no podemos permitir que para el beneficio de unos cuantos se engañe a los electores. A la hija del director de Colpensiones le entregaron el puesto número tres, es decir que pase lo que pase será electa.
¿No es acaso inmoral, pedir el voto en nombre de unas causas, mientras sabemos perfectamente que el nepotismo y la politiquería se impusieron sobre cientos de candidatos dignos y probos?
Quienes están en la lista no dirán nada, su elección depende de su silencio, yo decidí no aceptar, no poner mi interés personal por encima del proyecto colectivo. ¿De qué me habría servido una curul regalada cuyo precio era traicionar eso en lo que creo?
Más allá del número de curules que obtenga el Pacto en Bogotá, el daño al proyecto colectivo ya está hecho, por más que intenten ocultar la ilegitimidad en el orden de la lista con sonrisas y arengas, los mismos candidatos saben que lo que pasó los ensucia a todos, aceptaron el juego a pesar de saber que se cometía una injusticia.
Alguien tiene que decirlo, las listas cerradas sin mecanismos democráticos engañan a nuestros votantes y mancillan nuestras propias luchas. Ojalá esta sea la última vez que se presentan listas armadas sin criterios distintos al micropoder interno en las organizaciones políticas, si no tenemos democracia al interior del Pacto mucho me temo que ese sueño de unidad de las fuerzas progresistas naufragará tal y como lo han hecho antes tantos otros.
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