
El progresismo busca consolidar un bloque internacional para frenar el extremismo de derecha
Los mandatarios de Colombia, Gustavo Petro; México, Claudia Sheinbaum; España, Pedro Sánchez; y Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva. Fotos: Andrea Puentes, Juan Cano y Leo Queen - Presidencia de la República / Reuters.
En la IV Cumbre en Defensa de la Democracia, que se celebra desde este jueves en Barcelona, el presidente Gustavo Petro une esfuerzos con Claudia Sheinbaum (México), Pedro Sánchez (España) y Luiz Inácio Lula da Silva (Brasil) ante los avances del autoritarismo de extrema derecha.
Por: Armando Neira
Los acontecimientos son tan vertiginosos como inquietantes. Un día, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, dice, como quien mira un cielo encapotado y pronostica un aguacero, que “una civilización entera morirá esta noche, para no volver jamás”. Al siguiente, sin inmutarse, asegura que el papa León XIV es “débil ante la delincuencia y pésimo en política exterior” porque se manifestó en contra de sus políticas de inmigración y de la guerra en Irán.
La situación es crítica por donde se mire. “El sistema mundial de derechos humanos está en peligro”, dice Philippe Bolopion, director ejecutivo de Human Rights Watch, en un reciente informe en el que advierte que “los avances autoritarios amenazan el orden basado en normas”.
Frente a esto, hay esfuerzos que buscan ponerle freno. A partir de este jueves, el presidente Gustavo Petro se reunirá en Barcelona, con la intención de mostrar una postura común, con sus homólogos de México, Claudia Sheinbaum; España, Pedro Sánchez; y Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva. Además, estarán el uruguayo Yamandú Orsi y António Costa, presidente del Consejo Europeo, entre otros.
Ante el avance del autoritarismo, el progresismo reacciona. Al menos, en solemnes reuniones protocolarias donde las cancillerías se esfuerzan para medir las declaraciones.
La ciudad condal concentrará todas las miradas. No solo por el nivel de los invitados, sino porque se espera la presencia de organizaciones de todas partes. Allí habrá varias citas simultáneas: la IV Reunión en Defensa de la Democracia y la Movilización Progresista Global, un evento promovido por la Internacional Socialista, el Partido de los Socialistas Europeos y la Alianza Progresista, en el que líderes de varios continentes actuarán como dique de contención frente al auge de la extrema derecha y la tendencia hacia conflictos armados en el mundo.
De Gaza a Irán
El encuentro se da en momentos en que en el planeta se ha impuesto la idea de que al contrario hay que aniquilarlo. Un estudio científico publicado en The Lancet Global Health asegura que más de 75.000 palestinos fueron asesinados en los primeros 15 meses del genocidio de Israel en Gaza. Las mujeres, los niños y los ancianos representaron el 56,2 por ciento de las muertes violentas durante ese período.
La Agencia de Noticias de Activistas de Derechos Humanos (HRANA), con sede en Estados Unidos, asegura que 1.262 civiles han muerto en los ataques estadounidenses e israelíes contra Irán en estas semanas.

De ahí, la importancia coyuntural de un encuentro como este. La reunión de los jefes de Estado es una continuación de la realizada en Santiago de Chile, durante el mandato del izquierdista Gabriel Boric. Se trata de una iniciativa impulsada por Sánchez y Lula en 2024, en Nueva York, para articular una respuesta conjunta al crecimiento de la ultraderecha, el autoritarismo y la desinformación. Esta última, para algunos expertos, es la nueva arma para evitar los avances democráticos.
En ese 2024, los mandatarios de España y de Brasil extendieron su idea a otros presidentes y entidades: un diálogo transversal sobre cómo fortalecer la democracia. Así se llega a esta cumbre que irá hasta este fin de semana en Barcelona.
Allí, líderes del socialismo, el mundo sindical y centros de análisis progresistas participarán en este encuentro, que busca facilitar la cooperación entre organizaciones socialdemócratas, socialistas y laboristas de distintos países.
El paso del equilibrista
Aunque los cuatro mandatarios deben moverse con la precaución de los equilibristas porque a su manera, cada uno ha actuado ya para lidiar con Trump y sus arrebatos de cólera y sabe la incidencia directa que puede tener en sus respectivos países.
Así, por ejemplo, calificó a España como un aliado “terrible” e “injusto”, además de un país “perdedor”, en contraste, dijo, con los aliados “ganadores” que tiene Estados Unidos en la Otan y en el mundo, y también lo calificó de país “hostil” por no apoyar su guerra con Irán. Sánchez se niega a prestar su territorio para que las tropas estadounidenses hagan escala en su camino a la República Islámica.
En su momento, amenazó con aranceles del 50 por ciento a Brasil y afirmó que las acciones del gobierno de Lula suponen “una amenaza inusual y extraordinaria” para Washington. También habló de una “caza de brujas” por los procesos judiciales contra el expresidente Jair Bolsonaro.
En una entrevista concedida a The New York Times, Trump sin rubor anunciaba la posibilidad de lanzar ataques contra carteles de la droga en México: “Mi propia moralidad. Mi propia opinión. Es lo único que puede detenerme […] No necesito leyes internacionales”.
Tanto Sheinbaum como Petro, quien durante meses fue objeto de insultos verbales e incluso incluido en la Lista Clinton, han logrado moderarlo en conversaciones personales para mantener a flote las relaciones bilaterales. Ella ha sido extremadamente prudente. La frontera entre México y Estados Unidos de 3.185 kilómetros lo exige.

Sin embargo, los últimos hechos muestran que la amenaza sigue latente. En un mundo globalizado, lo que pasa en el Estrecho de Ormuz se siente en los bolsillos de los ciudadanos de Bogotá o Tijuana. Eso en el aspecto económico. En el ámbito de los derechos humanos igual.
De ahí que se busque una respuesta conjunta. En Barcelona estarán representantes de fundaciones, sindicatos y centros de análisis, quienes participarán en más de 50 paneles.
Una lista, muchas voces
Además de Petro, Sheinbaum, Sánchez y Lula estarán otras figuras como el economista francés Gabriel Zucman, conocido por sus trabajos sobre desigualdad social y paraísos fiscales; la economista italoestadounidense Mariana Mazzucato, defensora de la inversión pública; y la periodista filipina María Ressa.
La comunicadora recibió el Nobel de la Paz en 2021 por su denuncia de las ejecuciones extrajudiciales durante el mandato de Rodrigo Duterte y por su defensa de la libertad de expresión frente al autoritarismo y la desinformación.
El propósito, dicen los organizadores de los encuentros, es ofrecer “una alternativa necesaria”, a las fuerzas conservadoras y de extrema derecha.
La defensa de la cooperación internacional es otra de sus banderas, en un escenario geopolítico marcado por conflictos como los de Irán y Ucrania y por la revisión del orden internacional por parte de Trump.

Petro, Sheinbaum, Sánchez y Lula levantaron su voz para denunciar la masacre de Gaza y ahora han reivindicado el lema del “No a la guerra” frente al ataque a Teherán.
Los medios destacan que en este propósito se han dejado a un lado antiguas fisuras. Así las cosas, el presidente de la Internacional Socialista, fundada en 1951 y que agrupa a más de 130 partidos socialistas, socialdemócratas y liberales, ha tendido puentes con algunos partidos de la Alianza Progresista, creada en 2013 y con más de un centenar de miembros.
Los socialistas alemanes del SPD abandonaron la Internacional Socialista hace una década, al igual que los socialistas suecos. “Las discrepancias, en todo caso, son menores y han quedado aparcadas: fuentes de la organización resaltan la implicación de ambos partidos en la cita de Barcelona”, informa El País.
“Solo hablar de la autodeterminación de los pueblos ya es un mensaje muy importante en estos momentos”, ha dicho Sheinbaum.
Sheinbaum es, con diferencia, la líder de izquierda de la región con mayor respaldo popular en su país, una legitimidad que añade peso a su voz. Petro y Lula, en cambio, están al final de su mandato y sus proyectos en política exterior pueden quedar truncados si el electorado les da la espalda.
Milei, Kast, Bukele
En la región, entre tanto, la vocería parecen llevarla líderes que respaldan a Trump como Milei en Argentina, Kast en Chile y Bukele en El Salvador. Por eso, Enrique Prieto-Ríos, profesor de la Universidad del Rosario y doctor en Derecho por Birkbeck, University of London, señala que el desafío no es exclusivo de Petro, sino también de líderes como Sheinbaum y Lula.
“Esta agenda de gobiernos de centroizquierda se ubica hoy en minoría, lo que dificulta impulsar iniciativas regionales en espacios como la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) o el Mercosur (Mercado Común del Sur)”, explica.
Sin embargo, según el académico, estos países aún tienen margen de acción por el peso de sus economías y su papel en la historia reciente. Prieto-Ríos lo resume así: “Colombia históricamente ha tomado caminos distintos a los de la región”, afirma, “pero su voz se ha escuchado”. A pesar de que ha habido evidentes muestras para aislarlo como en el reciente lanzamiento del ‘Escudo de las Américas’, en Miami, donde no fue invitado.
Por su parte, el politólogo Manuel Camilo González Vides subraya que Petro en medio de las circunstancias sigue siendo una voz importante. Eso sí, asegura, que mantiene una posición ambigua frente al ‘Escudo de las Américas’: no participa plenamente, pero tampoco se mantiene al margen. Tras su reunión con Trump, ha adoptado posturas más cercanas a Washington en materia de seguridad. De ahí, que será clave escucharlo ahora en Barcelona.

En su análisis, González Vides afirma que la influencia regional depende tanto de factores internos como externos. A pesar de los sobresaltos, Estados Unidos sigue teniendo un peso determinante, lo que limita el margen de acción de otros países. Además, Colombia enfrenta debilidades internas, como una política exterior poco consistente y limitaciones institucionales.
Cuestión de tiempo
Eduardo Pastrana Buelvas, profesor de la Pontificia Universidad Javeriana, coincide en que el factor tiempo es determinante: “A Petro le quedan muy pocos meses”. Sin embargo, considera que no hay hechos definitivos. A su juicio, el ‘Escudo de las Américas’ difícilmente prosperará sin el liderazgo de Trump. Lo describe como un intento de articular una alianza ideológica de derecha en la región, aunque los tiempos han cambiado con rapidez.
Añade que el contexto internacional complica aún más el panorama para Estados Unidos, lo que reduce la viabilidad de este tipo de iniciativas. Según su lectura, Trump se involucró en una guerra con Irán en la que creía que saldría victorioso, pero hasta ahora ha tenido resultados inestables.
Explica que, en relaciones internacionales, el liderazgo estatal requiere tres elementos: capacidad económica, apoyo de otros países y presencia activa en organismos multilaterales. Colombia, afirma, no cumple plenamente con estos requisitos.
Ni siquiera Brasil ha recuperado por completo el protagonismo que tuvo a comienzos de siglo. En América Latina, los únicos países con capacidad real de liderazgo siguen siendo Brasil y México, mientras que Colombia ocupa un papel secundario, dice este experto. Pero, claro, otra cosa es unidos en bloque. Petro viajará a España y se espera que regrese el 21 de abril.
Así quedó consignado en el decreto 0401 del 14 de abril de 2026, en el que también se estableció que el ministro de Hacienda, Germán Ávila, quedará como ministro delegatario durante ese periodo.
Mientras que aquí seguirá la batalla en la campaña electoral, en Barcelona se harán esfuerzos por mostrar que la unión hace la fuerza. Un elemento esencial en esta coyuntura internacional. “La política exterior de Trump ha echado por tierra el orden basado en normas que busca promover la democracia y los derechos humanos, pese a sus imperfecciones”, dice Bolopion, de HRW.
De ahí la importancia de un encuentro como este.
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