
¿Hay en el nuevo Congreso los votos para decirle sí a una Constituyente?
El Pacto Histórico es la primera fuerza política en el Legislativo con 66 congresistas: 25 senadores y 41 representantes a la Cámara
El Pacto Histórico entra pisando fuerte con 25 senadores, pero de los recién elegidos puede sumar de manera expedita otros 17. Faltarían 10 para aprobar la crucial iniciativa que interesa al presidente Gustavo Petro. Estas son las cuentas.
Por: Armando Neira
A falta del resultado oficial del escrutinio, el Pacto Histórico exhibe hoy el título de ser la primera fuerza política de Colombia con 66 congresistas: 25 senadores y 41 representantes a la Cámara. Se trata de un triunfo indiscutible tanto para el presidente Gustavo Petro como para el aspirante a sucederlo, Iván Cepeda.
El electorado reafirmó así la confianza en el primer Gobierno de izquierda, que está a punto de terminar, y en la posibilidad de encadenar un periodo más. Mientras se define la elección presidencial, la mirada está en el Legislativo, donde se definirá buena parte del futuro político del país.
Por ahora, hay enorme satisfacción en las toldas del Pacto. La trayectoria de esta colectividad representa el cambio más drástico en el equilibrio de poder del siglo XXI: pasó de una representación marginal en 2018 a consolidarse como la fuerza dominante en 2026.
La atención se centrará en el Senado, donde habrá 103 senadores: 102 electos este domingo y la curul que ocupará quien quede en segundo lugar en la carrera presidencial. Es decir, la mayoría para aprobar proyectos será de 52 votos.
Tras la posesión de los congresistas este 20 de julio, en el ambiente estará gravitando la propuesta de una constituyente de máximo interés para el presidente Petro. En Palacio se cree que esta sería la cereza que hace falta en el pastel para llevar a cabo las reformas sociales y que, según se argumenta allí, es el camino ante los obstáculos puestos especialmente en el Senado.
Viraje a la izquierda
Las cosas han ido cambiando. La comparación entre 2018-2022 y 2026 muestra que el Senado ha venido dejando atrás una estructura de predominio claro de la derecha para avanzar hacia un equilibrio más competitivo entre los tres grandes bloques ideológicos.
En 2018 la derecha dominaba ampliamente con 55 curules, frente a un centro con 37 y una izquierda de apenas 16. Ese reparto reflejaba un Senado inclinado a la continuidad institucional, con un centro relevante pero todavía funcional al bloque predominante y una izquierda con capacidad limitada para incidir de manera estructural en la agenda, dice un análisis de la firma Orza Relacionamiento Estratégico.

La tendencia cambió en estas elecciones. La derecha cae a 38 curules, el centro sube a 34 y la izquierda alcanza 30. En términos políticos, esto sugiere un Senado menos estructurado por la hegemonía de un solo sector y más condicionado por acuerdos transversales, donde el centro recupera valor estratégico y donde tanto la derecha como la izquierda necesitarán construir alianzas para convertir su peso electoral en capacidad real de decisión.
En ese momento empezarán los movimientos para aprobar o bloquear la constituyente. En el papel, las cargas están divididas. El Pacto necesitará el apoyo de al menos 27 senadores adicionales que deberá sumar entre los demás partidos, que hoy lucen así: Centro Democrático, 17 senadores; Partido Liberal, 13; Alianza por Colombia, 11; Partido Conservador, 11; Partido de la U, 9; Coalición Cambio Radical – Alma, 6; Ahora Colombia, 5; Movimiento de Salvación Nacional, 3; Circunscripción Indígena, 2; y la curul de la oposición, 1.
En caso de que Cepeda gane la Presidencia y según las tendencias de las encuestas, la curul de la oposición podría ser para Abelardo de la Espriella o Paloma Valencia, quienes han dicho que se opondrán a una constituyente. Los defensores de la iniciativa tampoco contarían con los 17 votos del Centro Democrático ni con los tres de Salvación Nacional.
Aquí están los votos
Por el contrario, a los 25 del Pacto sí podrían sumarse de entrada los dos de la Circunscripción Indígena, más aún ahora que la fórmula vicepresidencial de Cepeda es la lideresa y senadora Aída Quilcué, del Consejo Regional Indígena del Cauca (Cric).
A partir de ahí, el Pacto podría intentar sumar votos de bancadas que oficialmente se han presentado como opositoras al presidente Petro –el Partido Conservador, por ejemplo, formalmente le levantó un muro para impedir la reforma a la salud–, pero algunos de sus militantes, de manera individual, han sido convencidos por el oficialismo.
En esta estrategia, sin embargo, se espera que el Gobierno haya aprendido la lección y que las cosas se hagan de manera transparente. Durante este Congreso, el Ejecutivo logró avances notorios para sacar adelante sus propuestas, pero en varios casos con un costo vergonzoso. Hoy están en la cárcel los expresidentes del Congreso Iván Name (Senado) y Andrés Calle (Cámara), quienes recibieron maletas con dinero en efectivo en el marco del escándalo de corrupción de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD) para tramitar proyectos.

Del lado del Ejecutivo, y entre quienes habrían participado en las transacciones ilegales, figuran, entre otros, Carlos Ramón González –amigo personal de Petro y director del Departamento Administrativo de la Presidencia de la República (Dapre) y de la Dirección Nacional de Inteligencia (DNI)–; Sandra Ortiz, consejera presidencial para las Regiones; Ricardo Bonilla, exministro de Hacienda; Luis Fernando Velasco, exministro del Interior; y Olmedo López y Sneyder Pinilla, de la UNGRD, entre otros.
Con esta lección del pasado, vienen ahora las conversaciones del futuro. Para la búsqueda de votos, el Pacto será escuchado, sin duda, por integrantes de las bancadas de la Alianza Verde, del Partido de la U y de los llamados “conservadores petristas” y “liberales petristas”.
Liberales y conservadores ‘petristas’
En cada una de estas colectividades hay nombres que en este cuatrienio fueron funcionales al Gobierno. Entre los conservadores, por ejemplo, está Wadith Manzur, quien viene de la Cámara de Representantes, donde acompañó las iniciativas del Ejecutivo, bien fuera votando a favor o ayudando a conformar el cuórum.
Manzur está vinculado con el escándalo de la UNGRD y se espera que sea acusado formalmente por la Corte Suprema de Justicia en los próximos días por supuestamente vender su voto.
También está el representante Daniel Restrepo, quien saltó al Senado y hace parte del grupo político de Carlos Andrés Trujillo, otro aliado de la Casa de Nariño y padrino político de Olmedo López.
Liliana Bitar y Miguel Ángel Barreto también han mostrado afinidad con el presidente Petro porque aseguran que comparte una “sensibilidad que los lleva a defender las reformas sociales”.
En el Partido Liberal, al menos seis senadores se dejan querer por el petrismo: Yessid Pulgar, Fabio Amín, Álvaro Monedero, Laura Fortich, Camilo Torres –del clan Torres– y María Eugenia Lopera –pupila del cuestionado Julián Bedoya, pero que para el presidente Petro simboliza “una nueva María Cano”, un símbolo de las luchas por los derechos laborales y civiles en los años veinte, impulsora del socialismo y fundadora del Partido Socialista Revolucionario.

Este comentario generó una respuesta inmediata de la también nueva senadora Jennifer Pedraza, que sirve a manera de prólogo de lo que será la batalla política en el Congreso que viene: “María Cano se revuelca en su tumba ante esta comparación tan burda y vergonzosa”, aseguró Pedraza. “María Eugenia Lopera, la senadora del clan Bedoya, absolutamente mediocre, socia del exministro Velasco –hoy en la cárcel por el escándalo de la UNGRD–, no representa a las mujeres colombianas”.
En el Partido de la U, el Pacto contaría con cuatro votos más: Jhon Besaile, Ana Paola García, Antonio Correa y José Gnecco. Y de la Alianza Verde, al menos tres: John Amaya –hermano del gobernador de Boyacá, Carlos Amaya, Gustavo Moreno y Duvalier Sánchez.
Faltan diez votos
Esto equivale a 17 votos adicionales que podrían inclinarse a favor del Pacto. En el papel solo faltarían diez votos, que –como se dice en Colombia, porque la política es dinámica– ya no parecen una tarea imposible.
“El Senado de 2026 es un tablero de ajedrez reducido donde el margen de error para negociar leyes es inexistente y donde el Ejecutivo tendrá que ceder capital político considerable para poder avanzar”, dice Orza.
En términos políticos, señala este centro de pensamiento, el próximo Senado será menos un vehículo de aceleración reformista y más un escenario de administración del cambio, bajo una lógica de costos, contraprestaciones y límites institucionales.
Ese rasgo se vuelve más evidente en la relación con el Gobierno. Aunque la oposición arranca ligeramente por encima de los aliados, la clave no está en esa diferencia marginal, sino en que ninguna fuerza tendrá la capacidad de imponer por sí sola el rumbo de la agenda.
“El centro de gravedad estará en los independientes, no como un bloque homogéneo, sino como un espacio de transacción que evaluará cada reforma según su impacto político y territorial”, agrega.
Al margen del ideario, Orza destaca que la alta proporción de senadores con experiencia previa en el Congreso refuerza esa lectura. “Se trata de una cámara con oficio, memoria procedimental y capacidad para modular, dilatar o condicionar el avance de las reformas. Ese ‘colmillo’ legislativo hará más difícil cualquier agenda sostenida exclusivamente en narrativa política y obligará a una operación más fina de coalición, especialmente para un proyecto de continuidad petrista”.
En conclusión y mientras se define quién se pondrá la banda presidencial y se posesionan los nuevos congresistas, ya se vislumbra cómo será la discusión y el tránsito de propuestas que dominarán la agenda política del país.
Lea los comentarios










