
Las crisis simultáneas en partidos y coaliciones amenazan la megaconsulta antipetrista de 2026
En los últimos días, las entrañas de la derecha quedaron expuestas por cuenta de diferencias, desconfianza, suspicacias y señalamientos cruzados. Los jefes tradicionales intentan contener los daños, mientras que la izquierda observa complacida por el desorden de una oposición que no logra tramitar sus problemas internos.
Por: Mateo Muñoz
En cuestión de una semana, los partidos y coaliciones de derecha pasaron de estar en acercamientos prometedores a través de cumbres en Antioquia y Bogotá a sacarse los trapos al sol en redes sociales. El Centro Democrático, el Partido Conservador y la Fuerza de las Regiones encendieron el fuego interno en los últimos días, arriesgando la cohesión que necesitan para ser competitivos en 2026.
Mientras los jefes tradicionales, como César Gaviria y Álvaro Uribe, intentan acercar sus estructuras, la militancia camina en otra dirección. No hay consensos y las diferencias, que son normales en cualquier colectividad, se han convertido en rencillas difíciles de disimular. Aun peor, en una carrera de largo aliento, la derecha está mostrando heridas abiertas a una izquierda con aire en la camiseta.
Cuatro cartas, una crisis: el Centro Democrático
Faltan 20 días para que el Centro Democrático presente los resultados de una encuesta interna mediante la cual se iniciará la recta final para escoger candidato presidencial. Lo que debería ser una época de debates álgidos entre los cinco aspirantes para convencer a las bases uribistas, se convirtió en una pelea que está dejando al aire las entrañas de un partido que en años anteriores fue ejemplo de disciplina. La contienda por la candidatura presidencial provoca retirar la mirada y poner la mano sobre las cejas.
Antes del atentado que le quitó la vida, Miguel Uribe Turbay tuvo serias diferencias con otros aspirantes presidenciales de su partido, como María Fernanda Cabal y Paloma Valencia. Las razones de los cruces entre esos tres uribistas influyentes giraron principalmente alrededor de algunas mediciones financiadas por Uribe Turbay y gastos aparentemente elevados de su campaña. Y aunque el joven senador bogotano ya no está, su papá sí, y la aspiración heredada sigue siendo la causante de la discordia en el uribismo.
Miguel Uribe Londoño fue quien empezó a sembrar dudas sobre la firma encuestadora encargada del sondeo que se publicará el próximo 28 de noviembre. Según el candidato, la brasileña AtlasIntel podría favorecer a María Fernanda Cabal porque supuestamente habría trabajado en meses anteriores para “unos empresarios”. Por eso, dice que habrían entregado resultados favorables a la senadora, generando un posible conflicto de interés.
“La firma no cumple con los valores de transparencia, auditabilidad ni representatividad”, dijo Miguel Uribe Londoño en una carta enviada a Gabriel Vallejo, director del Centro Democrático.
La respuesta de Vallejo, así como de Cabal y otros precandidatos como Andrés Guerra a través de varias cartas, de nuevo pusieron a Miguel Uribe Londoño como el villano de la telenovela. “Su intención es la de dañar un proceso que viene hace un año”, apuntó Cabal, mientras que Guerra le dijo a este medio que es difícil de entender por qué Uribe Londoño ha tomado una postura a la ofensiva contra el proceso de la encuesta.
“Lo que no puedo entender es que, teniendo esa distancia emocional en su favor por la muerte de su hijo, ahora trate de controlar todo, hasta el resultado final. Eso es inaceptable”, explicó Andrés Guerra.
Fuentes dentro del uribismo le dijeron a CAMBIO que la distancia entre la mayoría de congresistas del partido y Uribe Londoño es cada vez mayor. En la bancada del Centro Democrático desconfían de los motivos por los que el candidato hizo la denuncia a dos semanas de la encuesta, así como de su asesor estrella, Lester Toledo, venezolano que también trabajó para Miguel Uribe Turbay.
“Es paradójico que Uribe Londoño venga a sembrar dudas sobre una firma extranjera teniendo en su equipo un asesor externo que deja dudas en su proceder”, le dijo a este medio un congresista del uribismo.
Además, en el Centro Democrático ya circulan teorías de conspiración de alto calibre sobre Uribe Londoño. Por ejemplo, en la colectividad ya circula el rumor que señala al candidato como un actor dentro de la estrategia de sectores externos al partido para sabotear la candidatura única del uribismo y allanar el camino para aspirantes que están compitiendo por fuera como Juan Carlos Pinzón y Abelardo de la Espriella. “El chisme es ese, desde hace rato viene andando y con lo que está pasando uno como que empieza a creer”, dijo una fuente. Sin embargo, no hay prueba alguna contra Uribe Londoño.
La debacle interna del uribismo es tal, que a la fecha no hay definida una encuestadora y tampoco la fecha definitiva en la que se presentarán los resultados. AtlasIntel declinó ser parte del proceso para proteger su prestigio y otras firmas nacionales e internacionales también lo están pensando dos veces.
Además, en el partido hay dudas de qué pasaría si Miguel Uribe Londoño resulta ser el primero en la medición. Es prácticamente imposible que los otros precandidatos se adhieran a su campaña y, como se fijó en el acuerdo de agosto, la última palabra la tendrían Gabriel Vallejo y el expresidente Álvaro Uribe.
¿El fin de ‘Fincho’?
Hasta hace unos días parecía que en el Partido Conservador no iba a haber alguien distinto a Efraín ‘Fincho’ Cepeda que asumiera la candidatura presidencial goda. Todo indicaba que Cepeda, quien se graduó como férreo opositor a Petro durante su paso como presidente del Congreso, llegaría a la consulta de marzo. Sin embargo, en un lawfare interno, el excontralor Carlos Felipe Córdoba logró los apoyos suficientes en el directorio de la colectividad para conseguir el aval y evitar la recolección de firmas.
En una carta firmada por 12 integrantes del directorio azul y enviada a la presidenta Nadia Blel, se pide extender el plazo de inscripciones de candidaturas para permitirle a Córdoba competir. Según el documento, el ingreso del excontralor “enriquecería el debate”. La petición se aprobó y los godos tendrán un cuarto aspirante, además de Cepeda, Juana Carolina Londoño y Rubén Darío Lizarralde.
En el círculo de ‘Fincho’ creen que el golpe surgió del senador Carlos Andrés Trujillo, cercano al Gobierno Petro y expresidente de los conservadores. Trujillo ya había intentado torpedear el liderazgo de Cepeda en 2023, pero la movida se conjuró relativamente rápido. Estos antecedentes han hecho proliferar la desconfianza hacia el senador por parte del ‘cepedismo’, que cree en la teoría de la alianza entre Córdoba y Trujillo.
Sin embargo, además de que el precandidato y el senador niegan el plan de desestabilizar al partido a través de un acuerdo mutuo, Córdoba ha hecho una campaña crítica del Gobierno Petro. Por ello, un giro acrobático para ponerse del lado de Trujillo sería difícil de explicar a sus potenciales votantes.
“Agradezco y acepto la honrosa invitación del Partido Conservador. Estamos listos para continuar y trabajar con responsabilidad para cumplir nuestro propósito: proteger la democracia y devolver la tranquilidad a todos los colombianos”, dijo Cordoba, quien insiste que fue la colectividad quien lo invitó a ser parte de la contienda presidencial.
Por otro lado, también hay suspicacias porque Córdoba apoyó a dos integrantes del directorio conservador cercanos a David Barguil: Liliana Bitar Castilla y Nicolás Barguil. Algunos creen que hay una relación de larga data entre el excontralor y el precandidato presidencial que motivó el respaldo.
Otros conservadores aseguran que más allá de quién o quiénes están detrás del ingreso de Carlos Felipe Córdoba a la carrera presidencial, lo cierto es que su presencia le haría bien a la colectividad. “Cepeda necesitaba competencia, medirse con alguien con potencial y que el partido pueda atraer más votación. Realmente no hay certeza de cuántos votos vaya a traer Cepeda, no es que se le vea mucha fuerza a su candidatura”, dijo un senador godo.
Así como en el Centro Democrático, en el Partido Conservador no hay muchas certezas de lo que viene de aquí a marzo. Si ni Córdoba o Cepeda despegan en las encuestas, podría decidirse que el partido adhiera a un aspirante externo. Pero tampoco se descarta que la instrucción de las directivas sea ir sí o sí a marzo, arriesgándose a una votación poco decorosa comparada con la de otros candidatos con más proyección como De la Espriella, Pinzón o Juan Manuel Galán.
Se agrieta el grupo de los exgobernadores
Para no quedarse atrás en términos de crisis, la Fuerza de las Regiones también tiene la suya activa. Juan Guillermo Zuluaga, exgobernador del Meta y aspirante presidencial, alertó a través de un comunicado público que dentro de la coalición hay quienes buscan cambiar el mecanismo para elegir el candidato único. La idea sería prescindir de una encuesta hecha por una firma extranjera a un “promedio de encuestas públicas realizadas por terceros”.
Los señalamientos de Zuluaga son dirigidos a Héctor Olimpo Espinosa, exgobernador de Sucre, quien ha dicho que todavía no se ha finiquitado un acuerdo final sobre los términos de la encuesta para elegir el candidato de los exgobernadores. Espinosa también aseguró que los señalamientos de Zuluaga están motivados por su mal desempeño en las encuestas, principalmente la más reciente de Cifras y Conceptos.
CAMBIO conoció que en el entorno del exgobernador del Meta y de otros aspirantes del grupo de exmandatarios llamó la atención que Espinosa hubiese repuntado en la medición de intención de voto. Allí, el exgobernador de Sucre apareció por encima de Zuluaga y Juan Carlos Cárdenas y solo por debajo de Aníbal Gaviria. Las diferencias son tan grandes en este momento que Zuluaga está considerando salir de la coalición y continuar su campaña de manera individual.
Todo indica que la unión de los sectores de derecha alrededor de un candidato único va más allá de una reunión en la finca del expresidente Uribe o en el apartamento del expresidente César Gaviria. Primero hay que resolver tensiones internas que podrían agrietar el proyecto de una coalición competitiva que se enfrente a una izquierda en alza.
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