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Yesenia Olaya Requene, ministra de Ciencia, Innovación y Tecnología.
País

'Cuando se descentraliza a la ciencia se mueven privilegios y eso incomoda': entrevista con Yesenia Olaya, ministra de Ciencia, Tecnología e Innovación

En diálogo con CAMBIO, la funcionaria habló sobre la situación presupuestal de la ciencia en Colombia, el trabajo de descentralización del ministerio y la tensión con sectores científicos a los que, según dice, ha incomodado desde que llegó.

Por: Mateo Muñoz

Todavía no son las siete de la mañana y en el escritorio de la ministra de Ciencia, Tecnología e Innovación, Yesenia Olaya, ya hay varios pendientes de una agenda a reventar que no da tregua ni en época decembrina. Aunque la cartera que dirige es una de las más pequeñas de las 19 que conforman al Ejecutivo, su tarea no es menor: hacer del conocimiento científico el motor de la transformación social y económica del país.

Olaya lleva ocho meses en el cargo, venía de ser viceministra e incluso pensó en renunciar porque encontró un ministerio que no encajaba en lo que cree y defiende: el diálogo con lo regional.

“El ministerio de Ciencia se había construido sobre una forma de gobernanza que no entraba en diálogo con las comunidades y con los territorios. Yo, toda mi vida, he sido una académica de izquierda”, dice Olaya.

Su sueño es que la historia de su vida deje de ser un milagro en municipios como su natal Tumaco. “Una vez llegamos a una escuela donde los niños jugaban a elaborar armas de madera y era la primera vez que llegaba la ministra de Ciencias a ese territorio [...] y vimos la necesidad de cambiar esa narrativa. Ahora que regresamos, ya no construyen armas de madera: están jugando con robótica”, señala la funcionaria sobre el programa del que más saca pecho: Jóvenes en Ciencia para la Paz.

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Foto: Ministerio de Ciencia.

Sin embargo, los retos para el próximo año son enormes: cuentas fiscales apretadas, objetivos ambiciosos y un vehemente control político que le ha pasado una costosa factura a Olaya.

CAMBIO: Estamos en diciembre y aun así su agenda no para y esta entrevista nos correspondió en un horario atípico. ¿Qué es lo que más extraña de su vida antes de ser funcionaria?

Yesenia Olaya: La academia –donde yo me encontraba antes de asumir el rol de ministra– tiene una rutina parecida. Madrugaba todos los días a las cuatro de la mañana en las bibliotecas. En ese momento, yo estaba en Estados Unidos y necesitaba adelantar lecturas de investigaciones y consultas bibliográficas.

Es cierto que el Gobierno tiene unas dinámicas mucho más complejas porque se tratan de espacios de toma de decisiones y de consensuar políticas, proyectos e inversiones, pero las dinámicas en materia de temporalidades no cambian mucho.

CAMBIO: Tal vez no en temporalidades, pero sí en escrutinio público y usted lo sabe bien. Hace poco, la Procuraduría cerró una investigación sobre supuestas irregularidades en su título de Harvard. ¿Cuál es el costo personal que ha tenido que pagar por ser parte de este Gobierno?

Y.O: Estamos en un momento histórico en Colombia: es la primera vez que tenemos un gobierno de base progresista que está construyendo una nueva forma de gobernanza de cara a las regiones y esto no ha sido diferente para el ministerio de Ciencia.

Desde que llegué a la entidad he desarrollado actividades para democratizar y territorializar la ciencia y eso incomoda. La estructura clásica de las ciencias se ha construido sobre la base de un elitismo y no necesariamente en procesos de articulación con los territorios. La ciencia es un bien común, el conocimiento es un derecho social de las comunidades. Por tanto, la ciencia debe ser esa base de transformación social.

Lo que pasó con las falsas acusaciones sobre presuntas irregularidades en mi hoja de vida por supuesto que tuvo un costo personal, porque son ataques dirigidos a mi dignidad. Y no sólo hubo una afectación individual, sino que también fue colectiva: cuando las mujeres del Pacífico salimos de los territorios y ocupamos estos cargos tan importantes, nos convertimos en un referente de vida. Para las niñas que quedan en los territorios somos un símbolo, un modelo a seguir y trabajamos fuertemente para que esa trayectoria se establezca sobre la base de la ética, la dignidad y la transparencia.

CAMBIO: ¿Y en el ámbito familiar?

Y.O: Mi mamá sufrió alteraciones muy fuertes de salud y entró en un estado depresivo. Nunca habíamos vivido este tipo de acusaciones y señalamientos en redes sociales. Creo que hasta fui tendencia en Twitter. Fueron momentos muy difíciles para mi mamá y mi papá. Les tocó desplazarse desde Tumaco a Bogotá para buscar atención médica. Se sintieron emocionalmente muy movidos y entristecidos al ver la política del odio.

CAMBIO: ¿Y qué aprendió de esa experiencia?

Y.O: Es una oportunidad para seguir fortaleciendo algo que ha señalado el señor presidente Petro: desarrollar una política del amor con base en el entendimiento, la justicia y la transparencia como un bien.

Siempre trato de sacar lecciones de las enseñanzas que nos da la vida. El aprendizaje de esta experiencia es seguir adelante y seguir trabajando sobre algo irrenunciable para mí: la dignidad no se negocia.

CAMBIO: ¿Cómo llegó a este Gobierno? ¿Por qué meterse en ese berenjenal?

Y.O: Fue un momento muy trascendental en mi vida. Yo me encontraba realizando una estancia de investigación postdoctoral en Harvard y estábamos en un momento clave en el Instituto de Investigaciones Afrolatinoamericanas. Cuando recibí la invitación, lo primero que hice fue hablar con mi jefe, el doctor Alejandro de la Fuente. Él me dijo algo muy importante: “Tienes que volar: yo no te puedo cortar las alas y si no funciona te regresas. La puerta del instituto y de la universidad están abiertas para ti”. Eso me dio confianza.

Además, él señaló que el conocimiento que había construido ahí tenía que servir para la justicia racial en el campo científico, para que nadie se quede atrás en la toma de las decisiones científicas.

CAMBIO: ¿Y fue un cambio muy brusco?

Y.O: Fue radical. Yo nunca había trabajado en el sector público. Toda mi vida había estado vinculada a la academia y lo vi como una oportunidad de aterrizar la teoría a la praxis política. De hecho, quisiera que más académicos llegaran al Gobierno para que se enfrenten a estos espacios. Todo lo que uno ha teorizado en materia de cambio social debe aterrizar en el diálogo con la gente, en la construcción de nuevas políticas de Estado.

CAMBIO: ¿Cómo ha sido lidiar con esa tensión por ser una científica social liderando un sector con actores de las ciencias exactas?

Y.O: Me ha parecido extraordinario posicionar a las ciencias sociales, las humanidades y las artes en el contexto del mundo científico. Las ciencias exactas y las sociales se han trabajado como ecosistemas individuales. Sin embargo, al llegar al ministerio y traer experiencias en el mundo como las de México, Brasil, Estados Unidos y Suecia, vemos la importancia de articular la perspectiva de lo social con el desarrollo del conocimiento desde las ciencias básicas.

Y esto tiene una lógica muy básica. Por ejemplo, si vas a desarrollar un proyecto para transformar la productividad de una comunidad mediante el descubrimiento de nuevos componentes biomoleculares de las plantas, necesitas hacer un análisis social de cómo eso va a generar nuevas dinámicas económicas.

CAMBIO: No hay mejor ejemplo que la inteligencia artificial y la revolución en la que estamos metidos…

Y.O: Hoy, la invitación a las humanidades es a la reflexión crítica y ética de las implicaciones que tiene el conocimiento científico en la transformación de nuestras sociedades. La inteligencia artificial es un buen ejemplo de ello.

Estamos viendo una revolución científica sin precedentes con el nuevo desarrollo de algoritmos que permiten generar impacto en diversos campos del conocimiento como la salud, las ciencias aeroespaciales y la agricultura. Pero también se está construyendo un nuevo orden social con relación a los valores y la ética. Los científicos sociales tenemos que analizar qué se está transformando en materia del comportamiento humano.

Debemos integrar los ecosistemas de investigación para que los científicos de las ciencias exactas trabajen con sociólogos, antropólogos, trabajadores sociales, abogados y economistas. Así se podrán desarrollar estructuras de pensamientos que nos permitan dar respuestas a las complejidades que tiene Colombia como, por ejemplo, la transición energética.

CAMBIO: ¿Y ahí hay espacio para lo ancestral?

Y.O: Yo he sido muy cuidadosa con el concepto de ancestralidad porque considero que en Colombia no se ha dado un debate riguroso sobre qué significa. En principio, cuando uno revisa la construcción del concepto y su traslado a la opinión pública, se da cuenta de que todavía se reduce al plano de lo cultural y lo folclórico, que es importante, pero no lo es todo.

En términos amplios, el concepto de la ancestralidad hace referencia al saber de las comunidades. Es decir, la ancestralidad sería la base para el desarrollo del conocimiento científico porque ese saber transmitido generacionalmente entra a ser complejizado cuando introducimos los métodos de investigación científica.

La invitación que hemos hecho desde el ministerio es a interiorizar en nuestras políticas públicas a la ancestralidad como un ecosistema de conocimientos que se están transformando producto de la interacción de los seres humanos. Por ejemplo, si las comunidades indígenas han tenido un relacionamiento con los ríos, tenemos que analizar ese conocimiento y determinar cómo puede contribuir al desarrollo de políticas públicas para adaptarnos al cambio climático.

CAMBIO: Algunas asociaciones y academias científicas señalan que el diálogo con el ministerio de Ciencia se ha deteriorado hasta el punto de que ya no existe. ¿Es así?

Y.O: Hay que entender que el Sistema Nacional de Ciencias es diverso y, desde mi perspectiva, no existe una voz autorizada en el mundo científico. Más bien, existen voces que tienen referentes distintos en cuanto hacia dónde se debe conducir el desarrollo científico de la Nación.

Desde mi llegada el ministerio ha sido de puertas abiertas a las comunidades científicas. Lanzamos un programa de mujeres en las ciencias con una inversión de 48.000 millones de pesos que nos ha llevado a trabajar con 500 mujeres científicas de todas las regiones ¿Eso no es diálogo científico?

Creo que la incomodidad generada a algunos individuos, porque yo diría que no son colectividades, obedece a nuestra estrategia de descentralización de la ciencia. Cuando se descentraliza a la ciencia se mueven privilegios: los de las personas que han tenido la posibilidad de obtener una mayor inversión para el desarrollo de sus proyectos desde el ministerio.

El diálogo científico que ha desarrollado mi administración ha sido con base en la interculturalidad, con la capacidad de dialogar con los científicos del centro de Bogotá, pero también con los científicos de la Amazonía, del Caribe, del Pacífico, de Boyacá, de todos los territorios.

CAMBIO: Pero en lo que sí hay consenso desde el Caribe hasta la Amazonía, pasando por Bogotá, es que la situación presupuestal de la ciencia es grave. Además, se hundió la ley de financiamiento…

Y.O: Eso es un tema muy importante. Yo he invitado a las comunidades científicas y a las facultades de Economía a hacer un análisis integral sobre el presupuesto del ministerio de Ciencia. La forma en la que se construyó el Sistema Nacional de Ciencia creó la narrativa de ver a la ciencia como un costo y no como una inversión.

En Colombia ha habido un distanciamiento entre los científicos y la política. Tenemos que cerrar esa brecha. La ciencia no puede seguir siendo la burbuja de unos pocos para generar conocimientos y publicar artículos científicos.

Entonces, ese diálogo con la política, con el Congreso, con el sector privado, es importante para hacer pedagogía y construir la narrativa de la ciencia como una inversión. Sólo así podremos interpelar por más presupuesto para la ciencia en Colombia.

CAMBIO: Pero esa labor también empieza por la casa. Es decir, dentro del mismo Gobierno…

Y.O: Cuando llegué como ministra, lo primero que hice fue posicionarnos dentro del Gobierno. Me presenté con cada ministro y les dije: “el Ministerio de Ciencia es el ente rector del Sistema Nacional de Ciencia. Si bien usted tiene una dirección y una política de ciencia sectorial, nosotros podemos hacer una articulación”. Eso es lo que debemos ser: un ente articulador no solamente de la política, sino también de la inversión.

CAMBIO: ¿Pero cómo maniobrar en 2025 donde habrá menos plata?

Y.O: Estamos en una crisis fiscal sin precedentes en la historia del país y esto ha tenido repercusiones directas para el ministerio de Ciencia. Lo que nos queda ahora como cartera es analizar el recorte y seguir fortaleciendo la articulación interinstitucional y la cooperación científica internacional, en la que nos hemos movido muy bien.

Hemos logrado alianzas importantes con países en el mundo para poder establecer colaboraciones donde podamos identificar oportunidades de inversión y traernos esos presupuestos a nuestro país. No soy pesimista con el panorama, porque creo que hay muy buenas voluntades en el contexto internacional.

CAMBIO: Hace unas semanas, su antecesor, el exministro Arturo Luna, publicó un trino bastante llamativo en el que invitaba a otra científica a irse del país porque aquí hay escasez de oportunidades. ¿Qué le diría usted a los científicos que no ven un panorama tan esperanzador?

Y.O: Les diría a nuestros investigadores que no se vayan del país. Quedémonos aquí, construyendo las bases científicas que requiere Colombia para su desarrollo. Estamos en un momento importante porque hay un Gobierno abierto al diálogo desde la diversidad de los campos de conocimiento y posicionamientos políticos en torno a la ciencia.

Los invito a quedarse, a que trabajemos juntos. Es cierto que las oportunidades de salir para quienes van a ser una estancia de investigación son muy importantes para el país y para los jóvenes investigadores. Pero también es importante retornar ese conocimiento. Y hay muchas formas de hacerlo. Una de ellas es regresando de manera física, pero otra es estableciendo alianzas directas con el Gobierno para que más jóvenes colombianos tengan las oportunidades de formación en el exterior.

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