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Hipopótamo en el Magdalena Medio.
Medio ambiente

¿La solución final para los hipopótamos de Escobar en el Magdalena Medio?

Hipopótamo en el Magdalena Medio. Cortesía: Colprensa

Hace unos días se viralizó un video del ambientalista Nicolás Ibargüen en el que dice haberle dado la 'Solución final' al problema de los hipopótamos en el Magdalena Medio al Gobierno. Hablamos con él para entender la propuesta, y la contrastamos con expertos. ¿Es posible manejar a esta especie invasora que crece 14 por ciento cada año?

Por: Juan Francisco García

Una mañana de 1981 Pablo Escobar sorprendió a sus esbirros con la llegada de cuatro hipopótamos a la Hacienda Nápoles. Según un conteo hecho en 2024 por el Ministerio de Ambiente de Colombia, el Instituto Humboldt y la Universidad Nacional, los tres machos y la hembra que el narco mandó a traer en barco desde un zoológico en Estados Unidos se convirtieron, en poco más de cuatro décadas, en 169 individuos. En el presente, los expertos hablan de una población que oscila entre 180 y 200 hipopótamos. 

El problema es enorme: no tienen depredadores; son una amenaza cierta para el equilibrio de la cuenca del Magdalena, en donde viven a placer y en condiciones idóneas para su propagación; representan un riesgo letal para las comunidades que viven en las zonas en las que se han reproducido exponencialmente; son una especie protegida por el apéndice II de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres, y las acciones para controlar su crecimiento poblacional implican una inversión millonaria y un inédito despliegue técnico. Todo esto sumado al amor y cuidado que le profesan algunas personas que, por décadas, los han visto pastar junto con las vacas, cuidar a sus crías, nadar en sus aguas y atraer turismo y dinero. 

Hipopótamos en el Magdalena Medio
Hipopótamos en el Magdalena Medio. Crédito: Colprensa- externos.

El 21 de junio de 2024, a través de la resolución 0774, el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible se comprometió a llevar a cabo el plan de ‘Prevención, Control y Manejo de la especie Exótica Invasora Hipopótamo común’, desarrollado por este en alianza con el Instituto Humboldt y el Instituto de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional. 

Hace un par de días, indignado con el incumplimiento por parte del Estado y alarmado por la debacle ambiental que supone no tomar acción (las proyecciones indican que para 2035 podría haber más de 1.000 hipopótamos en Colombia), el documentalista y ambientalista Nicolás Ibargüen hizo un video viral en el que afirma haberle puesto sobre la mesa la ‘Solución final’ del problema al Gobierno. 

Esta, que tiene como protagonistas al refugio para animales más grande del mundo y a la familia más rica de Asia, vuelve a agitar las aguas de un grave problema ambiental, social, económico y político que, 40 años después de la muerte del capo, cada vez tiene más acento de debacle.  

Foto ilustración Hipopótamos
Ilustración de Kim Vega/ CAMBIO.

‘Solución final’: Vantara Animal Kingdom y la familia más rica de Asia

La familia Ambani, dueña del conglomerado Reliance Industries con presencia en las industrias de energía, petroquímica y telecomunicaciones, entre otras, es según Bloomberg la familia más rica de Asia con 90,5 billones de dólares de patrimonio. Annant Ambani, el hijo menor del magnate que hoy es cabeza del conglomerado, lidera la operación de Vantara Animal Kingdom, el santuario de animales más grande del planeta. En sus 14.000 hectáreas hay más de 2.000 especies en conservación y 40 facilidades veterinarias, entre estas el hospital de fauna más grande de Asia. 

El pasado 16 de enero, en declaración extrajuicio en una notaría de Medellín, Ibargüen presentó un documento que consigna que el santuario de Vantara, además de haber desarrollado un plan que en 60 meses disminuiría la población de hipopótamos en Colombia a menos de 30, declara la voluntad de asumir todos los costos que este implique. 

“Por una semana estuve en el santuario para reunirme con su gerente y confirmar que Vantara es lo que dice ser y no un zoológico disfrazado, como pasa muchas veces… por eso puedo decir que no hay nada que yo conozca en el mundo que se le parezca en cuanto a capacidades técnicas y niveles éticos para proteger y rescatar animales de situaciones complejas”, le dijo a CAMBIO. 

La visita lo llevó a fungir de intermediario entre el santuario y el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, que, mientras tuvo a Sussana Muhamad como jefe, pareció interesarse en evaluar la alternativa. Sin embargo, una vez fue removida de su cargo los avances se cayeron y las puertas para el plan, con la llegada de Lena Yanina Estrada a la cartera, se cerraron por completo. Cinco meses duró Estrada en el cargo. 

“Consciente de que si no hacemos nada el Gobierno seguirá en la misma inoperancia de los últimos 20 años con respecto al tema”, Ibargüen contactó a la senadora animalista Andrea Padilla para buscar un nuevo canal de conversación con el Gobierno. Junto al abogado animalista Luis Domingo Gómez, se reunieron con el director jurídico de Presidencia, Augusto Ocampo, el encargado de llevarle la 'Solución final’ al presidente Gustavo Petro. Días después, Petro declaró ante las cámaras que había recibido la propuesta de un empresario indio para llevar los animales a ese país, “de donde habían venido”. 

“Y nunca más volvimos a recibir una respuesta del Gobierno, ni a evidenciar ningún avance sobre el tema”, dice Ibargüen, que califica de insólito que el Gobierno de Colombia deje pasar la que es, según él, quizá la última oportunidad real para darle solución estructural al problema. “Estoy seguro de que, a este santuario, con las capacidades técnicas que vi, con sus numerosos médicos veterinarios y nutricionistas disponibles 24/7, con recursos ilimitados y las más alta tecnología, si el Gobierno colombiano coopera, no le va a quedar grande un problema ciertamente muy complejo”. 

En el papel, la llamada ‘Solución final’, que no contempla la caza de control, incluye esterilización, traslado local e intercontinental, construcción de santuarios y facilidades veterinarias en Colombia, control reproductivo a través de hormonas, control del hábitat y participación de las comunidades. 

Plan Vantara par control de hipopótamos en Colombia by CAMBIO

¿Solución final… no tan final?

“Por esto que voy a decir me van a caer rayos y centellas –dice el director de Ecología de la Universidad Javeriana, Sebastián Restrepo–, pero siento que el problema de los hipopótamos exige que seamos menos esencialistas y más pragmáticos”. 

Su tesis es que no tiene sentido sobreexcitarse con soluciones definitivas y concluyentes, pues es altamente probable que, con más de 200 individuos viviendo a las anchas en nuestras aguas, lo más conveniente sea entender cada vez mejor su comportamiento e impacto en clave de la coexistencia. “Esto no se trata de crear un escuadrón tipo ICE antihipopótamos para erradicarlos, sino de crear una política clara y seria sobre la gestión de riesgos sociales y ambientales que suponen estos animales”. 

Para Restrepo, la discusión se ha centrado excesivamente en los círculos académicos, sin que todavía haya tenido lugar un debate a profundidad con las comunidades, las autoridades locales y los actores ambientales. “Cada vez que se agita el problema, el ministerio convoca a un grupo de expertos y a las personas más afectadas, que son convocadas de forma utilitaria, funcional, pero cuya perspectiva realmente no se refleja en las soluciones”. 

En cuanto a la ‘Solución final’ planteada por Ibargüen, aunque reconoce el loable ejercicio ciudadano del ambientalista, y considera que esta debe ser revisada, su visión es que cada uno de los mecanismos contemplados en el documento suponen exigencias enormes; pues capturar, sedar y transportar animales de estas características a otro continente es un reto burocrático, ético, técnico y social. “Hay que saber que para esto no hay soluciones fáciles, definitivas ni salomónicas”. 

Su visión es que, si bien hay evidencia científica sobre el perjuicio que los hipopótamos causan ambientalmente en el Magdalena, todavía falta mucho por entender de su relación con otras especies. “Aunque hemos avanzado mucho en los modelos predictivos para calcular su crecimiento poblacional, todavía hace falta mucha investigación para entender sus interacciones con otras especies en el Magdalena. Un estudio en curso junto a colegas de la Universidad de los Andes abre la pregunta de si sus efectos son menos dramáticos de lo que pensamos”. 

Pero, sobre todo, Restrepo hace énfasis en que el problema trasciende el ámbito biológico y técnico. Explica que si no se tienen en cuenta las complejas redes de interacción de la gente con los hipopótamos, por hacer más se puede hacer menos. “En Puerto Triunfo y Doradal hay restaurantes llenos de símbolos de hipopótamos, hay una identificación con el animal, incluso un vínculo afectivo. Y material, claro, por el turismo. No se trata de tener la razón como biólogos, sino de entender el problema”. 

La bióloga de la Universidad Nacional y doctora en Ecología y Desarrollo Sustentable Nataly Castelblanco le dijo a CAMBIO que el documento presentado por Vantara carece de sustento científico y de viabilidad. Su acusación más preocupante es que en la bibliografía que sustenta el modelo de intervención, aparece un artículo firmado por ella que, asegura, ni escribió ni publicó. “Sospecho sinceramente que el documento fue creado por la inteligencia artificial”, nos dijo. 

En cuanto a las soluciones planteadas, la científica dijo que la castración quirúrgica, aunque funciona y hay evidencia de que puede hacerse en Colombia, para ser eficiente necesita de muchos más casos por año (30, según un estudio que hizo hace seis años y que hoy sería mucho mayor).  “Que en todo este tiempo solo se hayan logrado 30 esterilizaciones, porque es demasiado complejo, es evidencia de que la media es un pañito de agua tibia”. Además, dice que esterilizar a los animales para luego devolverlos al Magdalena no ayuda ni a la conservación del ecosistema ni a la disminución poblacional. “Si se castra a un animal joven, seguiremos con el problema por décadas, pues viven hasta 60 años o más”. 

Sobre el traslado a los santuarios locales, entre 35 y 40 por año según el plan, Castelblanco pregunta con escepticismo: ¿quién va a construir y financiar esos santuarios por décadas? ¿En dónde van a estar ubicados, con la enorme extensión que implican, y cómo se va a mitigar su impacto ecológico? En cuanto al traslado de entre 30 y 70 hipopótamos esterilizados al exterior que enuncia el documento, el adjetivo que emplea es de “surreal e irreal”. “Y además, digamos que lo consiguen, seguiremos con más de 100 animales sueltos… ¿qué va a pasar con ellos”. 

Su diatriba termina refiriéndose al punto del ‘ecoturismo controlado’ que defiende el plan, pues para Castelblanco esto implica crear una insensata empatía con la especie invasora, además de incursionar en riesgos para visitantes e implementadores. “No es ético invertirle tanto dinero a una especie invasora”, termina.  

Del amor al sacrificio: la pugna por los hipopótamos en el Magdalena Medio

La periodista de investigación Diana María Pachón lleva 14 años investigando el fenómeno de los hipopótamos del Magdalena. Fue la primera reportera en ir en búsqueda (temeraria) de Pepe, el hipopótamo cuyo sacrificio causó indignación nacional en 2009. Ha hablado con campesinos que han engrosado sus bolsillos con la venta de crías del animal, los ha visto juguetear con los perros como otra mascota más, ha nadado junto a una hembra pequeña, se entrevistó con un traumatizado sobreviviente a uno de sus ataques y ha consignado los testimonios de quienes han probado su carne en asados clandestinos. Sabe, mejor que nadie, que el problema enfrenta dos narrativas. El sacrificio y la conservación. El afecto y el miedo.  

En Puerto Triunfo y Doradal, en donde empezó el problema, dice que “es de no creer, pero en la plaza central de Doradal hay esculturas de hipopótamos muy bonitas, que son considerados por la gente como bonachones. La gente los quiere, pastan con las vacas, les traen turismo y dinero y la mayoría los quieren vivos y libres”. 

En contraste, en las comunidades ribereñas del medio Magdalena que registró para su documental Los hipopótamos también empezaron pequeños, encontró que la emoción imperante es el miedo. “Los hipopótamos atacan las lanchas de los pescadores, las persiguen y han cambiado las rutinas de la gente, pues cada vez son menos los que se atreven a pescar de noche. Para estos el sacrificio de los invasores es una medida favorable”. Su visión es que, desde que murió Escobar, todas las medidas han sido tibias. Se acuerda de la caza de control que los llevó a la extinción en Egipto cuando estaban triturando embarcaciones y pescadores en el río Nilo. Se acuerda del lago Naivasha, en Kenia, y las muertes de seres humanos que se cuentan por decenas gracias al infortunio de encontrarse de frente contra un hipopótamo enfurecido. 

El rango de hogar, los siete municipios amenazados y la respuesta y soledad de Cornare

“En 2017, cuando había aproximadamente 80 hipopótamos en el Magdalena, hicimos un estudio de su rango de hogar, que arrojó más de 2.000 kilómetros cuadrados. Para que te hagas una idea, Bogotá tiene un área de 1.500 kilómetros cuadrados. En 50 años, si las cosas siguen igual, los hipopótamos podrían ocupar un área de 13.000 kilómetros cuadrados en la cuenca del Magdalena”. 

La afirmación es de Germán Jiménez, profesor asociado investigador en manejo y conservación de fauna silvestre y coordinador de la maestría en restauración ecológica de la Universidad Javeriana. El académico nos dijo que un estudio de una de sus estudiantes registró que hoy hay siete municipios de la cuenca amenazados por los mamíferos gigantes. “Entre más crezca su población más se van a encontrar con los seres humanos, y serán mayores sus ataques”. 

Sobre la ´Solución final' expuesta por Ibargüen, Jiménez dice que el plan parece no contemplar las enormes dificultades de la cuenca del Magdalena, en donde capturar a un hipopótamo, por la cantidad de cuerpos de agua disponibles, es un trabajo milagroso. “Un estudio que hicimos en conjunto con la Universidad de Cornell y la Universidad Internacional de la Florida nos llevó a concluir que erradicar a los hipopótamos del país, además de ser sumamente costoso, tardaría otros 40 años más. El plazo de seis meses que propone este plan no me da confianza. Para Jiménez, como para su colega Restrepo, deberíamos hacernos la idea de la inevitable coexistencia. “Y es claro que en algún momento será inevitable la caza de control para proteger a las comunidades”. 

En cuanto a la postura afectiva de los habitantes de Doradal, el biólogo dice que hay un fenómeno que poco se considera, y es que la gente siente a los hipopótamos como una herencia de Pablo Escobar que hay que cuidar a toda costa. “Mientras no se piense en modelos de vida alternativos para quienes dependen de los hipopótamos, y mientras desde la Hacienda Nápoles se siga incentivando su tenencia y cuidado, será muy difícil avanzar”, dice el académico, que, en un artículo para la revista especializada Springer Nature analizó el fenómeno del turismo en torno a la Hacienda Nápoles como un rezago vigente de la narcocultura que exacerbó Escobar hasta los límites más delirantes. Esa cultura que toma a la naturaleza como un recurso para ser explotado a placer por el capricho humano. 

Según Javier Valencia González, director de la Corporación Autónoma Regional de las Cuencas de los Ríos Negro y Nare (Cornare), el 80 por ciento de los hipopótamos está alojado en su jurisdicción, en Puerto Triunfo y Doradal (ya hay presencia en Puerto Boyacá, Santander y, posiblemente, en Cundinamarca). Desde hace 15 años, cuando empezaron su intervención, signada por la inoperancia de la SAE, han hecho 35 esterilizaciones, de las cuales 20 han sido en convenio con la Gobernación de Antioquia y el Ministerio de Ambiente. Además, dice, han logrado ocho traslados a zoológicos locales. 

Sobre la ‘Solución final’ el director le dijo a CAMBIO que, aunque ve la viabilidad parcial, y considera muy valioso el aporte, este no es una iniciativa exclusiva del ambientalista Ibargüen, pues desde hace cuatro años Cornare ha venido haciendo la gestión para trasladar hipopótamos a santuarios en México, Perú, India, República Dominicana y otros países. “El gran problema es el permiso CITES, que es como la visa de animales silvestres que el Ministerio de Ambiente tiene que aprobar y que, hasta la fecha, no se ha tramitado ninguno”. 

Habló también de la importancia de hacer una suerte de audiencias públicas en las que se tomen en cuenta las distintas posiciones, y del esfuerzo descomunal que ha representado para la organización el confinamiento, la captura y la posterior esterilización de los 35 individuos que llevan hasta la fecha. 

Además de la poca agilidad que ha tenido el Gobierno para tramitar permisos de traslados internacionales, el director nos dijo que administrar los recursos es una proeza. Y que, para sostener su plan de acción, con cada esterilización presupuestada en 25 millones de pesos, necesitan recursos específicos, ya sea del Gobierno o de organizaciones internacionales. 

Sobre la relación de los habitantes de Puerto Triunfo y Doradal con los hipopótamos, nos dijo que durante 11 años han ido de vereda en vereda educando a la gente sobre cómo comportarse ante un eventual encuentro con los animales que alcanzan una velocidad de 40 kilómetros por hora en tierra. Es difícil, dice, “pues para muchos son un símbolo de su región, de su idiosincrasia, pero para otros un peligro latente”. 

El Ministerio de Ambiente y la circular que da línea para la eutanasia de los hipopótamos en Colombia

Esta mañana, en una rueda de prensa, la ministra de ambiente Irene Vélez anunció la publicación de una circular en la que se concreta la ruta para la eutanasia como principal medida de control poblacional de los hipopótamos en el país. Vélez afirmó que la cartera tomó la decisión después de que los siete países que fueron contactados para la traslocación de los animales no respondieron al llamado. 

Lo propuesto es que la medida de eutanasia se implemente a partir del segundo semestre del 2026 y que tenga, como puntos de partida, los focos de mayor densidad poblacional del enorme mamífero: la Hacienda Nápoles y la Isla del silencio, ubicada entre Antioquia y Boyacá. 

“Lastimosamente, no hemos recibido ninguna respuesta positiva. Algunos animalistas han intentado hacer comunicaciones con santuarios o zoológicos, pero es una especie CITES, que hace parte de una lista que está afectada por tráfico ilegal: por lo cual se requiere un permiso de salida, que podemos dar sin problema, pero se requiere un permiso de ingreso que dan los gobiernos”, dijo Vélez en la rueda de prensa,  “o basta con que un zoológico levante la mano, sino que el país autorice el ingreso. Lastimosamente, ningún país ha dado concepto positivo. El silencio administrativo nos indica que no hay interés en recibirlos”.

Además, la directora de Bosques, Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos del Ministerio de Ambiente, Nataly Ramírez, dijo que la circular contempla “lineamientos técnicos para la captura, cerramiento y sedación siempre procurando por el bienestar animal. Además, de administracion de medicamentos revisados y aprobados por expertos en el manejo de estos procesos”. 

El presupuesto anunciado es de 7,200 millones de pesos que se le entregarán, a partir de junio, una vez termine la ley de garantías, a las Corporaciones Autónomas Regionales (CAR) de las regiones con presencia de los animales.

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