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Claudia Sheinbaum, la primera presidenta de México, país famoso por su machismo
Internacional

Claudia Sheinbaum: la primera presidenta en un país de caudillos bravos

Formada en una familia de académicos de izquierda, la nueva presidenta de México quiere pasar a la historia como una mujer que gobernó a su país con eficacia y vocación social. Puede ser muy cerebral para formular políticas públicas y muy estricta con sus colaboradores. A partir de este martes 1 de octubre tendrá que demostrar que no será, como muchos creen, un “títere” de su antecesor y mentor político, Andrés Manuel López Obrador.

Por: Rafael Croda

Si algo define a Claudia Sheinbaum es el efecto que tuvo en ella la participación de sus padres en el movimiento estudiantil de 1968 en México.

“Yo soy hija de la generación del 68”, suele decir.

Ese hecho ha sido decisivo en la historia personal de esta científica y política que a partir de este martes primero de octubre se convertirá en la primera mujer presidenta de la historia de México.

La generación del 68 en este país quedó marcada por la matanza estudiantil del 2 de octubre de ese año, cuando efectivos del Ejército y agentes de seguridad del Estado asesinaron a balazos a más de 300 estudiantes que se habían congregado en la Plaza de Tlatelolco, como parte de un movimiento que exigía más apertura al autoritario régimen del Partido Revolucionario Institucional (PRI).

Los padres de Claudia, el ingeniero químico Carlos Sheinbaum Yoselevitz (ya fallecido), y la doctora en biología celular Annie Pardo Cemo, participaron de manera activa en ese movimiento que acabó en un baño de sangre, pero que fue un parteaguas para una nueva generación de mexicanos caracterizada por su antipriísmo, su simpatía por la Revolución Cubana y su aversión a los militares.

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Claudia Sheinbaum es la primera presidenta mujer de México. Crédito: @Claudiashein

Sheinbaum tenía 6 años cuando ocurrió la masacre de Tlatelolco. Creció en un entorno familiar progresista y liberal, en el que se estimulaban el conocimiento, la cultura, la solidaridad social y el activismo político.

Sus padres, ambos hijos de inmigrantes judíos europeos, siempre estuvieron vinculados a la izquierda universitaria. Ellos nunca practicaron el judaísmo.

Los antecedentes de la entrante presidenta de México son laicos e izquierdistas. Su abuelo paterno, el judío asquenazí lituano Chone Juan Sheinbaum Abramovitz, era un comerciante de joyas que militaba en el Partido Comunista Mexicano (PCM).

Y su madre, quien a sus 84 años se mantiene activa como investigadora de la matriz extracelular, fue dirigente de una combativa asociación de profesores en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), el alma mater de la familia.

En esa universidad pública, Claudia Sheinbaum –quien cumplió 62 años el pasado 24 de junio– estudió una licenciatura en física, una maestría en ingeniería energética y un doctorado en esa misma disciplina.

De esa universidad son también egresados varios de sus más cercanos colaboradores: 13 de sus 21 secretarias y secretarios (ministras y ministros) de Estado.

Sheinbaum estudió ballet clásico durante 14 años y fue integrante del equipo de remo de la UNAM. Por eso no resulta extraño que en su juventud dudara entre ser bailarina clásica o científica. Incluso pensó en ser maestra de jardín de niños, por quienes siente un especial apego.

Lo que sí puede parecer extraño es que siendo joven no considerara entre sus opciones dedicarse a la política. Y eso habría tenido que ver con que asumió el activismo político de sus padres como parte natural de su propia vida, no como una elección.

“Yo crecí en una familia en la que ser académico y hacer activismo político para transformar al mundo y a nuestro país era lo mismo. Para mí siempre ha sido natural esa dualidad”, ha dicho.

Entre el aula y la familia

Durante muchos años, la vida de Claudia transcurrió entre sus tareas como profesora e investigadora de la UNAM y sus responsabilidades como mamá.

La futura presidenta de México estuvo casada con el académico y expolítico izquierdista Carlos Ímaz, que también era un cercano colaborador de López Obrador.

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Crédito: Reuters.

Ímaz renunció como alcalde de la localidad capitalina de Tlalpan en 2004, luego de que se divulgara un video en el que aparece recibiendo fajos de billetes del empresario Carlos Ahumada.

Una conocida de Claudia aseguró que ese episodio fue muy difícil para ella “porque sabía que podía acabar con su carrera política y no fue así, pero acabó con su matrimonio”.

Con Carlos Ímaz, la próxima presidenta de México tiene una hija, Mariana Ímaz Sheinbaum. Los tres, y el hijo que él tenía de una anterior relación, Rodrigo Ímaz, y que ella crio como si fuera su hijo, pasaron cuatro años en Berkeley (California). En la universidad de esa ciudad estadounidense, tanto Claudia como su entonces esposo hicieron estudios posdoctorales.

Los dos hijos también son profesionales destacados. Mariana, de 35 años, es doctora en filosofía de la Universidad de California en Santa Cruz. Y Rodrigo es artista visual y documentalista. El año pasado fue papá, lo que convirtió a Claudia en una abuela feliz.

En noviembre pasado, Sheinbaum se casó de nuevo, en esta ocasión con su excompañero de la Facultad de Física en la UNAM Jesús María Tarriba, con quien se reencontró por Facebook.

De la mano de AMLO

México está considerado, incluso en el ámbito latinoamericano, como un país machista, de charros a caballo, de caudillos revolucionarios de armas tomar y de políticos caudillistas como el saliente presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO), quien increpa de manera recurrente al movimiento feminista.

De hecho, ha sido criticado por su indolencia frente a los feminicidios. El año pasado el gobierno registró 848, más de dos cada día, pero colectivos de mujeres creen que la cifra real es mucho más más alta.

Con todo y eso, Claudia se inició en la política partidista con AMLO, después de haber sido dirigente estudiantil en la UNAM, en los ochenta, y de haber participado años antes en el movimiento de familiares de desaparecidos en México.

En 2000, cuando fue elegido jefe de gobierno de la Ciudad de México (en ese entonces el Distrito Federal), López Obrador la invitó a trabajar con él como secretaria del Medioambiente. La sacó de la investigación y docencia en la UNAM y le encomendó reducir la polución en la capital mexicana. Poco tiempo después le agregó la tarea de coordinar la construcción del segundo piso de una autopista urbana, el Periférico, la obra emblemática de su administración.

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Crédito: @Claudiashein

La científica metódica, con formación matemática, sin lastres políticos y comprometida con su ideario social, le cayó como anillo al dedo a un AMLO conocido por desdeñar la técnica y la planificación de las políticas públicas. Pero, además, Claudia le fue leal, un atributo determinante para un caudillo que dice que sus colaboradores debían ser 90 por ciento leales y 10 por ciento capaces.

Sheinbaum fue la vocera de la campaña presidencial de López Obrador en 2006 la cual, según los resultados oficiales, él perdió, no obstante que alegó, con muchos argumentos, que se había cometido fraude en favor del candidato oficialista Felipe Calderón.

Después, ella acompañó a AMLO en su travesía por el desierto. En 2012 él se volvió a postular a la Presidencia y fue derrotado por el priísta Enrique Peña Nieto.

En su tercer intento, en 2018, ganó, y Claudia llegó en esos comicios a la jefatura de Gobierno de la Ciudad de México, donde los homicidios bajaron 60 por ciento durante su mandato, aunque sus adversarios políticos pusieron en duda esas cifras.

Desde que Sheinbaum se convirtió en la jefa de Gobierno de la capital mexicana y López Obrador asumió la Presidencia del país -en diciembre de 2018-, ella fue la favorita del jefe del partido Morena para sucederlo en el cargo.

Según analistas políticos, fue la elegida del presidente porque él la considera, no solo leal, sino una incondicional de su proyecto y de sus caprichos como gobernante y dirigente político.

“Ni yo soy cacique, ni ella pelele”

Sheinbaum nunca lo contradice y siempre respalda sus polémicas iniciativas, como la reforma judicial que hizo aprobar el mandatario con su mayoría calificada en el Congreso.

Esta reforma dejará a Morena con el control del Poder Judicial, pues será este partido el que elija a la mayoría de los candidatos que podrán postularse como jueces y magistrados, los cuales ahora serán electos por el voto popular.

“Ni yo soy cacique, ni ella es pelele”, ha dicho López Obrador sobre Sheinbaum. Y ella considera “sexista y misógina” la narrativa de que su mentor político será el poder en las sombras durante su presidencia.

Claudia tiene todo para imprimir un sello propio a su mandato, por las marcadas diferencias de estilo que tiene con AMLO. La entrante presidenta de México es mesurada, cerebral, sobria y ecuánime –hasta de tiesa y fría la han acusado–, mientras que AMLO puede ser vehemente, agresivo, impulsivo y pintoresco.

“López Obrador transforma ocurrencias en políticas públicas”, dice la académica Viviana Romeu.

A diferencia de su mentor, Sheinbaum ha demostrado que le gusta trabajar en equipo, con profesionales de alta preparación técnica y con un método, como en un laboratorio científico.

Pero López Obrador le dejó muy acotado el terreno. La mitad de los secretarios de Estado que ella designó son gente de él, al igual que el fiscal general, Alejandro Gertz Manero, que la entrante jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Clara Brugada y que la mayoría de los congresistas de Morena.

Sheinbaum heredará unas Fuerzas Armadas con más poder que nunca, ya que han asumido la construcción de las grandes obras de infraestructura, el manejo de la seguridad pública y el control de las aduanas y los puertos del país, que antes de este sexenio estaban en manos de civiles.

Además, el saliente mandatario dejó a su hijo, Andrés López Beltrán, señalado de gestionar contratos de obra pública para sus amigos, como secretario de organización de Morena, la mayor maquinaria política del país. Muchos comentaristas ya mencionan a Andy –así se le conoce– como eventual sucesor de Sheinbaum.

En su primer discurso en ese cargo, el pasado domingo 22 de septiembre, López Beltrán dijo que está ahí para “preservar el legado” de su padre.

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Crédito: @Claudiashein

El incentivo de la trascendencia

Quienes conocen a Sheinbaum sostienen que no es una política que tenga vocación de títere y que, como mujer, como primera presidenta de México y como hija de la generación del 68, no está dispuesta a pasar a la historia como una jefa de Estado que compartió el poder.

Un excolaborador de Sheinbaum en el gobierno de la Ciudad de México le contó a CAMBIO, bajo la condición del anonimato, que cuando él asumió un alto cargo público en la ciudad le pidió la renuncia a una subalterna suya de segundo nivel. No sabía que era amiga de Claudia, quien lo llamó por teléfono y, sin mediar saludo, le dijo:

“Óyeme bien, hijo de la chingada, me reinstalas ya a (fulana) y que te quede claro, cabrón, ella acuerda directamente conmigo”.

La fuente consultada sostiene que Sheinbaum es “muy exigente y rigurosa como jefa” y que no la ve “como títere” de AMLO.

López Obrador dejará el cargo este lunes con una alta popularidad, de alrededor del 60 por ciento, y mucho poder, pero Claudia será la presidenta, y México tiene un sistema político muy presidencialista.

Claudia Sheinbaum tiene un genuino interés por temas que López Obrador siempre desdeñó durante todo su mandato, como el feminismo, el cambio climático, las energías limpias, la regulación de las drogas, los derechos de las minorías sexuales y la innovación.

“Ella le da mucha importancia a esos temas que forman parte de la agenda progresista del siglo XXI y con los cuales López Obrador nunca se sintió cómodo. En eso va a marcar una clara diferencia, y en eso se va a parecer más a los presidentes Gabriel Boric (de Chile) y Gustavo Petro (de Colombia)”, dijo a este medio el jurista y ensayista de temas políticos, Jaime Cárdenas Gracia.

Para el doctor en análisis político de la Universidad de Sheffield, en el Reino Unido, Ramón Centeno, el izquierdismo de Sheinbaum es “más genuino” y moderno que el de López Obrador, quien está anclado “en el nacionalismo mexicano de la primera mitad del siglo XX, que es centrista y hasta tiene rasgos conservadores, como los de él”.

Es un hecho que Claudia está a la izquierda de su mentor en muchos temas y que, como mujer, tiene que marcar un sello feminista a su administración.

Tras su triunfo en las elecciones del pasado 2 de junio, aseguró: “No llego sola, llegamos todas. Con nuestras heroínas y ancestras, nuestras hijas y nuestras nietas".

Ese, desde luego, es el discurso, y tendrá que afianzarse en el poder para traducir sus convicciones en hechos que beneficien a las mujeres y a los mexicanos en condiciones de vulnerabilidad.

Esta “hija de la generación del 68” tiene un enorme desafío por delante. Hay mucho por ver a partir de este miércoles 2 de octubre, su primer día hábil como presidenta.

Ya ha dicho que comenzará la jornada con una conferencia de prensa “mañanera”, como las que encabezaba López Obrador. Ese día se cumplirá el 56 aniversario de la masacre de Tlatelolco y antes de las preguntas de los reporteros hablará sobre ese suceso tan decisivo en su vida.

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