
Uribe toma el mando para elegir al candidato de la derecha
Álvaro Uribe Vélez. Fotoilustración: Yamith Mariño.
Ante las disputas internas en el Centro Democrático y el ascenso en las encuestas del líder de izquierda Iván Cepeda, el expresidente da un golpe en la mesa y exige a los aspirantes que dejen de hablar de Petro y se enfoquen en las soluciones que proponen para los problemas del país. Análisis.
Por: Armando Neira
El uribismo, en particular, y la derecha, en general, viven una situación sorprendente. No hay espacio radial, entrevista en televisión, foro, seminario o cuenta de X en los que, día y noche, argumenten cómo el presidente Gustavo Petro “acabó el país”, “lo destrozó”, “dejó solo escombros como un espantoso tsunami” y otras metáforas apocalípticas que darían a pensar que los ciudadanos cuentan ansiosos las horas para que termine su mandato y “llegue alguien de la oposición que arregle esto”.
Con semejante evaluación, se creería que todo está servido para que uno de los opositores arrasara en las encuestas. La paradoja es que sucede lo contrario. En las últimas horas, el senador Iván Cepeda Castro, aliado del presidente Petro y militante del Pacto Histórico, marca como puntero en la encuesta del Centro Nacional de Consultoría (CNC) con un 20,9 por ciento de intención de voto.
Le sigue el candidato de ultraderecha Abelardo De la Espriella, con el 14,4 por ciento, y Sergio Fajardo, con el 7,8 por ciento. En los tres primeros puestos no aparece ningún candidato del Centro Democrático.
Después de Cepeda, De la Espriella y Fajardo, aparece otra antagonista del uribismo, Claudia López, exalcaldesa de Bogotá, con el 5,0 por ciento. Más atrás sí figura Miguel Uribe Londoño —padre del asesinado senador Miguel Uribe Turbay— con el 4,1 por ciento.
Aunque varios analistas tratan de explicar el fenómeno y dicen que aún es muy temprano para anticipar quiénes podrían encabezar los resultados en la primera vuelta presidencial, también es cierto que esta ya es la segunda medición pública desde que se levantó la veda de varios meses que imponía la llamada ley mordaza. En la realizada por Cifras y Conceptos también aparecen Cepeda, De la Espriella y Fajardo como punteros.
Cepeda, con el viento a favor
Y no solo eso, sino que Cepeda —ganador de la consulta popular del domingo 26 de octubre— se muestra respaldado por un Pacto Histórico que, a diferencia del uribismo, hoy luce sólido, ordenado y con una hoja de ruta clara.
Los dos únicos problemas que causaron un ruido mediático fueron la discusión por el primer puesto en la lista al Senado entre Carolina Corcho y María José Pizarro —que se solucionó en privado en cuestión de horas— y el temor de que Daniel Quintero ganara la consulta y pusiera al movimiento patas arriba, hecho que no ocurrió.

Es más, si nada extraordinario sucede, es posible que ni siquiera el exalcalde de Medellín pueda participar en estas elecciones, por lo que el Pacto Histórico navega al día de hoy con el viento a favor.
Mientras tanto, el fuego amigo amenaza con incendiar la casa del Centro Democrático. Las peleas internas eran hasta ahora el pan de cada día y ocurrían ante los ojos de unos seguidores perplejos. En escenarios políticos se comentaba que esto ocurría porque en la izquierda hay un jefe, Gustavo Petro, que imponía la disciplina, mientras que Uribe se había mantenido algo distante, dejando que sus alfiles se posicionaran.
Como esto no ocurrió, Uribe decidió tomar el toro por los cuernos. En un evidente giro de estrategia, dio un golpe sobre la mesa para dejar en claro que llegó a poner orden en casa. De entrada, exigió a los candidatos y militantes del partido que abandonen las referencias a Petro y concentren su discurso en propuestas concretas.
Prohibido hablar de Petro
“Le pido al partido: no más discusiones políticas en las emisoras, no más espacios para referirse a Petro. Hablemos de las soluciones que está demandando el país”, ordenó. El mensaje fue transmitido durante un encuentro privado con precandidatos, en el que el exmandatario expresó su molestia por lo monotemáticos que se volvieron en sus críticas al Gobierno.
Uribe sostuvo que, pese a contar con aspirantes “versados, preparados y que estudian”, muchos caen “en la tentación de hablar de Petro”, lo que, a su juicio, no deja réditos electorales.
“Estas discusiones generan mucho morbo, generan mucha noticia, pero no fijan credibilidad”, advirtió, e insistió en que los ciudadanos exigen soluciones a los problemas económicos y de infraestructura que atraviesa el país. “Lo que los colombianos están reclamando hoy es cómo van a resolver ese problema económico tan grave y, al mismo tiempo, poder avanzar en carreteras”, agregó a manera de ejemplos.
Asimismo, Uribe ordenó que la selección del candidato o candidatos del partido para las elecciones presidenciales de 2026 ya no se llevará a cabo este viernes 28 de noviembre.

“Tiene toda la razón Álvaro Uribe en el jalón de orejas que les metió a los suyos por causa de la peleadera pública y los ataques obsesivos a Petro, que los alejan de los temas que de verdad les interesan a los ciudadanos”, escribió el columnista Juan Lozano en El Tiempo. “A la gente ni le va ni le viene el rollo con la encuestadora. Y tampoco quieren escuchar más insultos, tachas, reproches, acusaciones contra Petro. Quieren propuestas que solucionen todos los inmensos problemas que este Gobierno ha creado y todos los que prometió arreglar y que le han quedado grandes”, agregó.
Previamente, también en ese diario, el exvicepresidente Germán Vargas Lleras —quien, por motivos de salud, aún no ha definido si estará en la baraja de candidatos— había escrito: “Por el espejismo de que ‘todos pueden ganar’, por la negativa de construir y comprometerse con un mecanismo efectivo y por la obsesión de ‘hacerse contar’, nos enfrentamos a que cada uno querrá figurar en el tarjetón sin entender que así lo único que hacen es entregarles la elección al Gobierno y sus aliados…”.
Pero, ¿qué significa y qué impacto puede tener en la campaña el hecho de que el expresidente tomara las riendas en la elección del candidato del CD?
Un impacto para todos
La analista María Lucía Jaimes señala que, en un momento de tanta fragmentación interna y con varios precandidatos disputando espacio, su participación busca ordenar la casa, dar un norte claro y evitar que el proceso se vuelva interminable o genere más divisiones en momentos en calendario electoral corre de prisa.
En términos de impacto, esta decisión puede tener dos efectos. “Por un lado, le da al partido un mensaje de cohesión y de autoridad: acelera la definición del candidato, reduce la incertidumbre y permite empezar la campaña con una estructura unificada, algo clave en un escenario tan competitivo”, explica la experta en análisis político.
“Pero, al mismo tiempo —agrega ella—, implica riesgos: una intervención tan marcada puede ser percibida como una imposición, generar resistencias internas o reforzar la idea de que el candidato no es completamente autónomo frente al liderazgo del expresidente”.
Entre los seguidores de Uribe hay confianza en su capacidad para recuperar el poder. Para ellos, está claro que Uribe, como líder autónomo del CD y como quien terminará decidiendo quién será su candidato, representa la posibilidad de que la derecha se una alrededor de un nombre —cualquiera que sea— o, por el contrario, que termine yendo fragmentada.

En esa medida, y después de la propuesta de De la Espriella de hacer una encuesta en diciembre —iniciativa que algunos candidatos de la derecha aceptaron de inmediato, pero que otros rechazaron de tajo—, es evidente que la proliferación de aspirantes puede fragmentar el voto si Uribe no los pone en cintura.
Si no hay alineación, la derecha podría terminar perdiendo las elecciones, como ocurrió en 2022, cuando dos representantes que hablaban de cambio al sistema —Petro y Rodolfo Hernández— pasaron a segunda vuelta.
En la derecha confían en que, si Uribe verdaderamente toma el mando y “coge el toro por los cuernos” y elige rápidamente, podría incluso ganar en primera vuelta en marzo.
Pero, argumentan, si el expresidente decide optar por los mecanismos formales de participación política —es decir, hacer una consulta en marzo—, podría estar perdiendo la elección, porque le dejaría a un candidato como Cepeda la posibilidad de estructurar su estrategia durante tres o cinco meses, y dejaría al aspirante elegido en marzo, sea quien sea, con menos tiempo para unificar el voto de opinión y el voto de estructura del centroderecha.
Esta decisión de Uribe no solo tiene un impacto político entre sus seguidores. Para Víctor Solano, si el expresidente Uribe toma la decisión de elegir al candidato de su colectividad, se confirmará que en Colombia la brújula electoral la dominan los grandes barones electorales.
Para el académico, entonces, muy probablemente, en estas elecciones estemos de nuevo entre “el que diga Uribe” y “el que diga Petro”, lo cual enviaría el mensaje de que, sin importar los mecanismos que se establezcan, siempre primará la conveniencia electoral sobre los principios filosóficos de los partidos.
Mientras tanto, el analista Gabriel Cifuentes señala que esto no es nada nuevo: ha pasado en las últimas dos elecciones. Pero hay un hecho innegable: la figura que representa al uribismo es Uribe; todos sus candidatos son vistos como sus representantes. En ese sentido, quien tiene la decisión es él, titular del capital político que todos buscan aprovechar.
Uribe tiene prisa porque es cierto que solo van dos encuestas, pero con los mismos punteros. Si Cepeda, Fajardo y De la Espriella se distancian, el uribismo y la derecha van a estar en un dilema porque solo les quedaría irse de frente con el aspirante de la extrema derecha.
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