
La historia del modelo pedagógico que tiene a 50.000 estudiantes colombianos con un nivel académico como el de los países ricos de la Ocde
Alejandro de Zubiría junto al Mega Aula Cohete, el primer colegio autosostenible y gratuito en Colombia. Créditos: cortesía Fundación Alberto Merani.
El educador Alejandro de Zubiría le contó a CAMBIO el secreto de la Fundación Alberto Merani, cuyo modelo para democratizar la pedagogía conceptual desafía la educación tradicional en el país. ¿Cómo logró que 122 colegios de Colombia estén a la altura de los de Canadá y Finlandia?
No eran más de las doce del día cuando Miguel de Zubiría, el eminente educador y cofundador del Instituto Alberto Merani, le sirvió un güisqui a su hijo Alejandro, que había llegado obediente a la cita de aquel 30 de diciembre en su finca a las afueras de Bogotá. Cuando lo terminó, sin tregua, le sirvió otro trago. Cuando Alejandro dio el último sorbo y posó el vaso sobre la mesa, con el tono de los ofrecimientos que no pueden rechazarse, Miguel le soltó la propuesta:
––Alejandro, necesito que se encargue de hacer un colegio para niños pobres. No puede ser que el Merani sea solo para niños ricos.
––¿Y quién lo va a financiar, papá?
––No tengo ni idea. Ese es su trabajo. Además, su financiamiento no puede depender ni de los subsidios del Estado ni de donaciones de empresas o de millonarios…
Doce años después, en conversación con CAMBIO, Alejandro de Zubiría habló con orgullo del Mega Aula Cohete, el primer colegio totalmente gratuito, autosostenible y replicable de Colombia. Además, ahondó sobre el programa pedagógico Lectores Competentes, inédito en el mundo y creado e implementado por la Fundación Alberto Merani para que los 50.000 estudiantes de su red de colegios –privados y públicos en 22 departamentos del país– logren un desempeño académico al nivel de los países desarrollados de la Ocde.
Un verdadero hito social y educativo en un país como Colombia, donde el 11,6 por ciento de sus profesionales están desempleados y el 50 por ciento de jóvenes abandonan la universidad antes de graduarse. Un país cuyo sistema de financiamiento para lograr un cartón universitario supone pagar deudas asfixiantes y sempiternas. Como directivo de una fundación con más de 30 años de trayectoria, Alejandro es una voz autorizada para pensar las grietas y las alternativas de un sistema educativo que está lejos de ser competitivo, aunque cada año más estudiantes colombianos lleguen a las universidades.

CAMBIO: En el imaginario colectivo el apellido Merani sigue remitiendo a un colegio para niños genio. Sin embargo, el trabajo de la Fundación Alberto Merani matiza y trasciende ese imaginario. ¿Puede hablarnos del trabajo que han hecho para democratizar la pedagogía que tanto reconocimiento le dio al Instituto Alberto Merani?
Alejandro de Zubiría: Así es. Con la misión de mejorar la calidad de la educación en los colegios de Colombia, hemos encontrado la manera de impactar, a muy bajo costo, a 50.000 estudiantes en 122 colegios, oficiales y privados. Aunque no podemos hablar de una escala gigantesca, sí que es un hito para la educación del país que durante 18 años hayamos capacitado a profesores e instituciones para que todos nuestros alumnos se eduquen en colegios que les permitan tener un desempeño escolar al nivel de los países ricos de la Ocde.
CAMBIO: Sin un lenguaje demasiado técnico, quisiera que nos hable de la pedagogía conceptual y la pedagogía dialogante, fundamentales para entender su propuesta educativa y su postura ante la pedagogía tradicional.
A.D.Z.: En efecto, la pedagogía conceptual nace, literalmente, para oponerse a la literatura tradicional. ¿A qué me refiero? Si en la pedagogía tradicional el enfoque está en los contenidos, en la conceptual está en los procesos, particularmente afectivos y de pensamiento. Si en la pedagogía tradicional se organiza a los niños por edades cronológicas, en la conceptual nos enfocamos en organizarlos por estadios de desarrollo intelectual. En vez de aprender contenidos, les enseñamos a que aprendan a aprender; y así, con una lista de 50 características que le dan forma a un modelo muy interesante que cada vez adoptan más colegios. Luego el Instituto Alberto Merani desarrolló otra versión que se enfoca en el diálogo entre el profesor y el estudiante, que es a lo que llamamos pedagogía dialogante.
CAMBIO: Háblenos del Programa de Lectores Competentes, que entiendo es la insignia en los 122 colegios de su red.
A.D.Z.: El 98 o 99 por ciento de los niños en Colombia dejan de ver la materia de lectura en primero o en segundo de primaria. Esto, luego, por no contar con las competencias mínimas en lectura crítica, se les convierte en un grave problema en la universidad. La frustración que esto genera es una de las principales causas de deserción universitaria.
Para atender estas falencias, Lectores Competentes fue el primer programa en el mundo para aprender a pensar y aprender a leer textos académicos desde transición hasta undécimo grado. Aunque esto suena fácil, en realidad supone una complejidad heroica, y más cuando se implementa en colegios oficiales con recursos escasos. Los profesores, la comunidad y los papás se la tienen que jugar en serio por un programa que, por su naturaleza, no es regalado. Esto ha sido posible en los colegios públicos gracias a profesores que se entregan en cuerpo y alma al modelo.

CAMBIO: ¿Cómo se explica que un grupo de pedagogos colombianos haya dado con un programa tan disruptivo a nivel regional e incluso global?
A.D.Z.: Es cierto que es muy interesante que hayamos inventado un programa tan innovador en un país más o menos inexistente para el planeta. Creo que no había aparecido antes por la complejidad que implica definir con absoluto rigor qué debe aprender un niño el primero, el segundo y el tercer bimestre, en primero, segundo, tercero, cuarto y quinto año.
Se necesitaba contar con un programa pedagógico como el nuestro: muy claro, sólido y bien armado. Y desde luego, tener el coraje y la convicción de que no podíamos seguir enseñando lo mismo y de la misma manera, que eso ya no tenía ningún sentido. Cuando mi papá me pidió investigar un programa de lectura en el mundo, por allá en el año 94, no me fue posible encontrarlo. Entonces, con toda la determinación, nos propusimos crearlo e implementarlo. Y también a medir el impacto, con números, sin carreta, con pruebas internacionales.
CAMBIO: ¿Y cuál ha sido ese impacto en los jóvenes que salen de sus colegios y pasan a la universidad?
A.D.Z.: Un gran hito han sido las cartas que hemos recibido de las universidades para decirnos que los estudiantes de nuestra red llegan con un nivel de argumentación, conceptualización y exposición superior. Del nivel de sus estudiantes de últimos semestres. Esto, por supuesto, no es una casualidad, sino una consecuencia de nuestro modelo. Va mucho más allá de que sean niños genios. Se logra por los 11 años de formación en nuestra pedagogía: para graduarse de nuestros colegios, los jóvenes presentan una tesis cuasiuniversitaria.

CAMBIO: ¿Cuentan con mediciones para medir el desempeño de sus estudiantes en el ámbito laboral?
A.D.Z. Por ahora, el núcleo de nuestras mediciones es académico. Muchos de nuestros colegios son los mejores de su departamento en las pruebas Saber. Y si no son el número 1, son el número 2 o el número 5. En tanto a las pruebas Pisa, nuestros estudiantes están al nivel de los países ricos de la Ocde. En el ámbito laboral, tenemos varios testimonios de éxito, pero las mediciones cualitativas están por hacerse. Es una de nuestras tareas.
CAMBIO: Además de psicólogo y educador, usted tiene un gran interés por la arquitectura. Esto le da una visión geográfica o de ordenamiento territorial con las instituciones de aprendizaje como el corazón de las comunidades. ¿Nos explica?
A.D.Z.: Estoy convencido de que los colegios deberían ser el eje de la vida social y comunitaria y, por ende, que la vivienda debe girar en torno a los colegios. El problema, no solo en Colombia sino en el mundo, es que los proyectos de vivienda se piensan sin tener en cuenta los colegios. Y se asume, sobre todo en los proyectos de interés social, que es el Estado el que debe construir los colegios cuando a todas luces el Estado no tiene cómo. Son demasiado caros.
Esta visión genera trampas de pobreza: una mujer cabeza de familia compra una vivienda en un proyecto de interés social y, cuando se instala e intenta matricular a sus hijos en el colegio más cercano, resulta que ya no hay cupo. ¿Qué hace? Salir a conseguir colegio, sumar otro gasto más en transporte que no tenía previsto y que en su caso es un problema grave. Una trampa de pobreza tenaz.

CAMBIO: Si el Estado no tiene la plata, ¿en su visión quién financia los colegios?
M.D.Z.: La solución pasa por ser capaces de construir colegios de muy buena calidad y a bajo costo, que las familias de la comunidad puedan pagar y que los constructores puedan y estén dispuestos a construir. Nuestra Mega Aula Cohete en Nemocón es el primer paradigma completamente sostenible y replicable que demuestra que es posible.
CAMBIO: ¿Cómo fue el proceso de conceptualización, diseño y construcción?
M.D.Z.: Lo logramos cagándola muchas veces, después de mil errores (risas). Cuando mi papá me pidió crear un colegio para niños desfavorecidos, sin el financiamiento del Estado ni de empresas donantes, le dije que lo podía lograr en tres años. Me tomó 12. El primer piloto fue en Malambo con unas mujeres muy pobres que prestaron sus casas para convertirlas en aulas: 30 aulas-casa en todo Malambo. Luego, fuimos mejorando el prototipo hasta alcanzar un costo por estudiante y de construcción diez veces más barato que en el modelo tradicional.
CAMBIO: ¿Y sí es replicable?
M.D.Z.: Completamente. De 200 a 10.000 estudiantes. Y está pensado justamente para que se dejen de hacer proyectos de vivienda sin pensar en los colegios, que es lo que enreda todo.
CAMBIO: Además de la frustración de no contar con las habilidades mínimas para tener éxito en la universidad, en Colombia tenemos un serio problema con la financiación y con la integración de los profesionales al ámbito laboral. ¿Cuáles son sus propuestas?
M.D.Z.: En la nueva configuración del Icetex, sin los subsidios del Estado, el costo de la deuda para los estudiantes se ha triplicado. Debemos pensar en un modelo distinto que les disminuya esa deuda. Nuestra alternativa es integrar y conectar a los colegios con las universidades y con las empresas, pues hoy día los colegios tienen un cortocircuito con las universidades y las universidades una desconexión total con las empresas. Esto, sumado a la nueva reforma laboral, que obstaculiza que las empresas contraten aprendices. Esto termina en un ciclo vicioso cuando las empresas se niegan a contratar jóvenes sin experiencia.
CAMBIO:¿ Es una propuesta de financiamiento mixta o sacan de plano al Icetex?
M.D.Z.: Sacamos de plano al Icetex. El próximo año empezamos un piloto con 200 estudiantes en alianza con la EAN y la empresa privada como financiadores. El objetivo no es solo que lleguen a la universidad y se gradúen sino que encuentren trabajo.
CAMBIO: El tránsito de la universidad a oportunidades reales de trabajo es otra complejidad enorme del sistema. ¿Por qué solo el 24 por ciento de estudiantes en Colombia estudian carreras STEM, las más apetecidas por el mercado?
M.D.Z.: Porque como los profesores de matemáticas se han resistido mucho a hacer cambios en su currículo y en su metodología, los estudiantes les tienen pánico a las matemáticas y descartan carreras que las impliquen.
CAMBIO: ¿En sus colegios este bajo porcentaje se mejora?
M.D.Z.: Sí: con 48 por ciento de nuestros estudiantes que optan por ciencias, ingenierías y matemáticas, tenemos un porcentaje de estudiantes que escogen carreras STEM muy por encima del promedio del país.

CAMBIO: ¿Y qué decirles a sus estudiantes con necesidades económicas que se enamoran de la filosofía?
M.D.Z.: Es muy complejo. Y conseguir financiamiento para carreras como la filosofía, aunque las empresas definitivamente deberían contratar filósofos, es un reto enorme. Nosotros le damos énfasis al principio de realidad para que los estudiantes no queden con el cartón guardado en el clóset.
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