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Cigarrillos de contrabando portada
En Colombia el 38 por ciento de los cigarrillos que se comercian son de contrabando. Crédito imagen: CAMBIO / Fotoilustración Kim Vega.
Economía

Las millonarias cifras de los cigarrillos de contrabando: bandas transnacionales y un hueco en los impuestos

En el país, cuatro de cada diez cigarrillos que se consumen son de contrabando, un problema que esconde detrás estructuras criminales transnacionales, economías ilegales y un mercado que viene creciendo en Colombia y la región en los últimos años. ¿Cómo se mueve el mercado de cigarrillos ilegales y cuál es su impacto en nuestra economía?

Por: Laura Lucía Becerra Elejalde

En Colombia, cuatro de cada diez cigarrillos que se comercian en el mercado son de contrabando. En algunas regiones llegan a ser nueve de cada diez. Es un problema que pasa desapercibido en medio de la crisis de seguridad y narcotráfico, pero que tiene un impacto directo en el fortalecimiento de estructuras criminales, la evasión de impuestos y la salud de los consumidores de tabaco.

El consumo de tabaco es un asunto de salud pública que al año cobra la vida de por lo menos siete millones de personas, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), sin contar las enfermedades asociadas que ocasiona. Otro dato: según esta organización, el tabaquismo mata a cerca de la mitad de las personas que lo consumen y no logran dejarlo.

Pese a ello, y a las advertencias claras que tiene el consumo de cigarrillos, pipas y otros productos con tabaco, hay cerca de 1.300 millones de personas fumadoras en el planeta y alrededor de 80 por ciento de ellas vive en países de ingresos bajos o medios.

A este problema de salud pública se suma que buena parte de los cigarrillos que se venden en el mercado son de contrabando. De hecho, un estudio de la consultora internacional KPMG —y financiado por Phillip Morris Internacional—, que fue presentado en los últimos días, encontró que en América Latina y Canadá el 31,9 por ciento de los cigarrillos que se consumen son ilícitos, lo que representa la tasa más alta de consumo de cigarrillos de contrabando a nivel mundial, una incidencia que duplica el promedio global del 15 por ciento.

El informe, que reconoce que Estados Unidos no se incluye en análisis dada la complejidad de los flujos intraestatales de cigarrillos, advierte que en el continente se viene dando un aumento en esa economía paralela y no regulada. De 241.700 millones de cigarrillos que se consumieron en esa región en 2025, por lo menos 77.000 millones fueron de contrabando.

“En 2025 cayó el consumo de cigarrillos en estos mercados, pero la caída se viene dando en el consumo de cigarrillos legales, no en los ilegales. Persiste el consumo de cigarrillos ilícitos, que no tienen marcas, ni seguimiento sanitario, lo que hace que la identificación del mercado sea difícil”, advirtió David Bird, director asociado de KPMG y quien lideró el estudio.

Gráfico cigarrillos de contrabando
Crédito imagen: CAMBIO.

El caso colombiano

En la región, Brasil representa el grueso del volumen de cigarrillos ilegales, pero Colombia aparece como el quinto mercado para estas economías ilegales. El año pasado se consumieron en el país 12.220 millones de cigarrillos, de los cuales, 4.600 millones son de contrabando.

El principal hallazgo del estudio para el país es que en los últimos cinco años el consumo de cigarrillos de contrabando ha venido creciendo en Colombia y llegó al 38,8 por ciento del mercado, lo que le cuesta a la economía nacional cerca de 299 millones de dólares en impuestos, o alrededor de 1.08 billones de pesos, pues los cigarrillos ilegales no pagan impuesto al consumo, por obvias razones.

Además, según KPMG, este contrabando proviene principalmente de países como Estados Unidos, Uruguay, Corea del Sur, Paraguay y China.

Aunque Colombia tiene una menor incidencia del consumo de cigarrillos de contrabando si se compara con países como Panamá o Ecuador, en los que este consumo alcanza respectivamente el 90 y 80 por ciento de esos mercados, el contrabando de cigarrillos no deja de ser un reto importante.

En Colombia, desde hace trece años la Federación Nacional de Departamentos (FND) viene realizando otro estudio sobre la Incidencia de Cigarrillos Ilegales en Colombia, cuyos resultados coinciden con el reporte internacional: el 38 por ciento de los cigarrillos que se consumen en el país son ilegales. Este problema viene creciendo en la última década, pues en 2016 apenas el 13 por ciento del mercado era contrabando.  

Según la FND, a causa del consumo de cigarrillos ilegales el año pasado dejaron de recaudarse 1,18 billones en impuestos, y en los últimos cinco años Colombia dejó de recaudar más de 4,8 billones por la evasión relacionada con este problema. Dado que los impuestos al tabaco tienen una destinación específica, estos recursos dejaron de ser invertidos en los sectores de salud y deporte.

Lo llamativo es que en algunas regiones la situación es peor. El estudio de la Federación mide la dinámica de consumo de estos productos en los 32 departamentos del país y el Distrito Capital, por medio de encuestas directas con los consumidores. Según el informe, en departamentos como La Guajira los cigarrillos de contrabando llegan a ser el 94 por ciento del mercado, en el César el 79 por ciento y en Magdalena el 76 por ciento, solo por mencionar algunos ejemplos.

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Crédito imagen: CAMBIO.

Las redes de crimen organizado

Detrás de este comercio hay una compleja red de estructurales criminales que se dedica al contrabando en la región. “Hay estructuras y mafias organizadas que mueven toda la cadena de comercio ilícita internacional”, asegura el general retirado Juan Carlos Buitrago, experto en inteligencia, CEO de la firma Estrategas VIP, y antiguo director de la Policía Fiscal y Aduanera (Polfa).

Son estructurales y carteles que controlan toda la cadena, desde la creación de empresas fachada dedicadas al contrabando y empresas de intermediación aduanera para facilitar la logística cooptando a funcionarios en la policía y las aduanas, hasta puertos de acopio como bodegas en las que se reúnen amplios volúmenes de cigarrillos que luego se redistribuyen para el consumo.

De hecho, explica Buitrago, Colombia actualmente no solo enfrenta la problemática por el consumo de cigarrillo ilegal, sino que se ha venido convirtiendo en un país estratégico que funciona como plataforma, junto a Ecuador y Panamá, para la redistribución o reexportación de cigarrillos ilícitos a través de América Latina y el Caribe a través de sus puertos.

La zona libre de Colón, en Panamá, se conecta con 1.920 puertos de diferentes países. Por allí llegan a a transitar al año 8.000 millones de cigarrillos de contrabando que provienen principalmente de países asiáticos como China, India y Corea; de Camboya donde las mafias chinas controlan la producción, y de Paraguay, el foco de producción en la región.

Estos cigarrillos los adquieren organizaciones como el Clan del Golfo y otros grupos dedicados al narcotráfico y los distribuyen como parte de sus operaciones criminales, lo que ha llevado a una mayor incidencia del crimen organizado en los últimos años.

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El informe advierte que el contrabando de cigarrillos alimenta el crimen organizado. Crédito: Freeepik.

El cigarrillo es un producto con facilidad para ser traficado. Es fácil de ocultar y difícil de detectar como un producto ilegal, por lo que representa utilidades importantes para los diferentes grupos criminales.

Crime Stopper es una organización que se enfoca en apoyar a los gobiernos en la persecución de estructuras contra el crimen organizado, con un foco especial en cómo se financian las economías ilícitas.

Alejo Campos, director regional para América Latina y el Caribe de esta organización, explica que el contrabando de cigarrillos ha ido aumentando en la región porque es una actividad que cada vez resulta más rentable para las estructuras criminales. Según estimaciones de Crime Stopper, un camión de cigarrillos le puede dejar a estos grupos alrededor de 1,6 millones de dólares cuando lo venden en el mercado.

“Son productos con una baja percepción criminal porque están detrás de otras economías ilícitas. Por eso el costo de moverlos es muy barato. Mover cocaína tiene costos logísticos caros y es más complejo, los grupos criminales pagan sobornos millonarios, pero no pasa lo mismo con un cigarrillo regular”, advierte

Para Campos, lo preocupante de esto es que el comercio ilícito se ha arraigado en la estructura económica de estos grupos, junto a otros delitos como el narcotráfico, la trata de personas o el blanqueo de capitales. “Dejó de ser un medio para financiar delitos más grandes y hoy es parte de esas economías del crimen organizado”, advierte.

El papel del sector privado

La preocupación de Campos por el fortalecimiento de estas economías es algo con lo que coincide Cecilia Farfán Méndez, directora del Observatorio para América del Norte de la Iniciativa Global Contra la Delincuencia Organizada Transnacional, una organización no gubernamental con sede central en Suiza, enfocada en encontrar estrategias nuevas e innovadoras para responder al crimen organizado.

“El negocio es el dinero, no una sustancia particular. Hoy hablamos de fentanilo y de otras drogas, pero siempre que haya espacio para el comercio ilícito, los grupos lo aprovecharán. La diversificación del crimen está relacionada con la generación de recursos”, dice Farfán Méndez.

Para la experta, lo complejo con los cigarros es que, como no son una actividad necesariamente violenta, Esta problemática no recibe mucha atención. Por razones obvias, en América Latina los gobiernos y la sociedad tienen a poner el foco en las actividades más violentas. Por eso, Farfán Méndez insiste en la necesidad de trabajar con el sector privado para proteger la cadena de suministro y a los consumidores.  

El mercado del tabaco no lo componen solo los cigarrillos, aunque son los productos más conocidos. Están también las pipas, los narguiles y los productos sin humo o sin combustión, como los productos de tabaco calentado, las bolsas de nicotina y los vapeadores, cuyo consumo viene creciendo.

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El país ha perdido 4,8 billones de pesos en los últimos cinco años por culpa del contrabando de cigarrillos. Crédito: Freeepik.

“La contribución que podemos hacer como empresa a un mercado de cigarrillos legal es, primero, colaborar con las fuerzas del orden, el Estado normalmente lucha contra el tráfico de cigarrillos con choques intrafuerza, que combinan la operación de las aduanas y la Policía, pero hay que fortalecer la gobernanza”, dice Marco Hannappel, presidente de Phillip Morris International para América Latina y Canadá. 

Lo segundo que propone el ejecutivo de la tabacalera es propender por una regulación equilibrada que permita la comercialización de nuevos productos libres de humo, que no se falsifican actualmente.

Sin embargo, tanto en el mercado de cigarrillos legales como en los nuevos productos sin combustión, el reto sigue siendo el precio, ya que los productos de contrabando se venden más baratos.

El contrabando es un problema comercial que afecta a muchos países, y en particular, el contrabando de cigarrillos viene permeando a Colombia y a toda la región. Los grupos criminales han encontrado una vía fácil para fortalecer y financiar sus operaciones, y esta modalidad ya es parte de la estructura económica y las rutas criminales en el continente, el reto está en cómo combatir esas rutas criminales transnacionales.

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