
Desbalance energético: los retos para cubrir la creciente demanda de energía
Mientras el país, los ciudadanos y las industrias demandan cada vez más energía, el sistema energético enfrenta el reto de atender esas necesidades crecientes con nuevas fuentes de energía. ¿Qué problemas se vienen para el sistema a futuro?
A medida que la demanda de energía crece en el mundo, una de las mayores preocupaciones de los sistemas energéticos y de la cadena es cómo garantizar que haya suficiente energía para cubrir todo lo que necesitan los países, sus ciudadanos y las industrias. El año pasado Colombia sintió la tensión de un posible racionamiento en el servicio de electricidad por el bajo nivel de los embalses y revivieron los temores del fantasma del apagón con el que convivió el país en los primeros años de la década de los noventa.
Por eso, mientras la cantidad de energía que consume el país va en aumento, de nuevo están sobre la mesa los retos que Colombia debe afrontar en futuras temporadas secas y bajos niveles de los embalses.
Según un estudio reciente de Fedesarrollo, se proyecta que el consumo de energía supere la energía en 1,5 por ciento en 2025 y en 2,0 por ciento en 2026, y que continúe ampliándose progresivamente hasta alcanzar el 5,1 por ciento en 2028.
“La brecha entre la demanda y la energía en firme representaría un riesgo para el abastecimiento energético en escenarios de baja hidrología”, alertó Luis Fernando Mejía, director del centro de estudios económicos, cuando presentó el estudio hace unos meses, durante el congreso de la Asociación Colombiana de Generadores de Energía Eléctrica (Acolgen).
La mayoría de la generación de energía en Colombia proviene de fuentes hidráulicas, y la complementan los combustibles fósiles como la segunda mayor fuente de generación eléctrica. Por su parte, en los últimos años, otras fuentes de energía renovables, como la eólica y la solar, han crecido ligeramente, aunque en porcentaje insuficiente para reemplazar las otras fuentes de energía.
El estudio de Fedesarrollo muestra que la capacidad instalada del sistema aumentó de 12,3 GW a 21,6 GW en lo corrido del siglo y se espera aumente a 47,0 GW para 2052, impulsado por las fuentes de energía no convencionales. Para este año, los aportes hídricos y del gas natural representarían el 80 por ciento de la capacidad instalada, pero se espera que a 2052 su participación se reduzca a la mitad.
Sin embargo, esa recomposición puede llegar a ser un problema. Aunque la adopción de nuevas tecnologías es cada vez mayor, y estos proyectos toman mucho menos tiempo en entrar a operar que las grandes hidroeléctricas o termoeléctricas, estas energías no tienen aún la dimensión o capacidad de suplir la energía que, por años, se ha generado con fuentes tradicionales.
Y no solo es un tema del tipo de tecnología. Desde 2020, según detalla el centro de pensamiento, ha ingresado menos capacidad de la proyectada: en 2024 solo fue el 23 por ciento de lo que se estimaba para ese año. Según Mejía, las demoras se explican por barreras sociales, ambientales y de seguridad. Por eso, alerta el experto, las proyecciones actuales, en especial de fuentes solares, podrían no reflejar estos riesgos de ejecución.
Fedesarrollo alerta sobre cómo la última subasta de asignación de obligaciones de energía en firme se concentró en el uso de energías renovables no convencionales, con el 99 por ciento de este tipo. Y como resultado, la asignación de nueva energía en firme pasó de 38 GWh-día en 2019 a 11 GWh-día, reduciéndose 71 por ciento.

Los retos para el sistema energético
En la mayoría de los países del mundo se está presentando un crecimiento de la demanda de energía, y esto no es un reto exclusivo de Colombia. “Eso no necesariamente es porque haya más gente, sino porque hay mayores usos de electrónicos. El ejemplo más claro de eso es que hace diez años nadie tenía un vehículo eléctrico. Hoy un vehículo eléctrico puede consumir lo de cuatro casas”, le explicó a este medio Jorge Carrillo, presidente de ISA, la empresa encargada de la transmisión de energía eléctrica a alto voltaje en Colombia.
Y del otro lado de la balanza, según el ejecutivo del sector, están los retos para generar energía que cubra toda esa demanda. Cada vez es más difícil hacer los proyectos tradicionales de generación de energía por factores que van desde lo técnico, hasta lo ambiental y social.
“Solo hay que pensar qué tan probable es que haya otra gran hidroeléctrica en Colombia. Un proyecto hidroeléctrico que se piense hoy probablemente se inaugure en 12 o 13 años. Va mucho más rápido la demanda que lo que va a la oferta”, comentó.
Todo esto ha generado que el margen de oferta y demanda se apriete en los últimos años. Santiago Arango Aramburo, profesor de la Facultad de Minas de la sede Medellín de la Universidad Nacional de Colombia, dice que la oferta de energía no ha crecido como se esperaba, porque” prácticamente” solo ha entrado solo solar y esta solo funciona unas horas en el día. Por el contrario, la demanda sigue en crecimiento. Por eso la relación entre ambas variables viene estrechándose.
“Hay riesgos: siempre hay riesgos de apagones por asuntos de coyuntura o situaciones estructurales de largo plazo”, dijo Arango. Entre esos riesgos, señala el académico, está la posible escasez de agua ante el fenómeno de El Niño, una situación estacional que no siempre se da con la misma intensidad.
“Al estar estrechándose el margen, se pierden grados de libertad o de maniobra o ajustes, ante posibles otros eventos. Por ejemplo, el riesgo tan alto que se tuvo en 2016 fue por un fenómeno de El Niño fuerte; acompañado de un incendio en Guatapé, lo que afectó la cadena de generación”, dijo.
Colombia tiene varios problemas que atender en relación con su demanda y oferta de energía. Es un fenómeno que están asumiendo todos los países, pero su éxito depende de cómo se gestione el sistema. Se necesita aumentar la generación de energía, y seguramente el próximo gobierno que llegue a la Casa de Nariño tendrá que asumir este como uno de sus retos centrales.
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