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Cartagena Festival de Música 2026
Cultura

“El festival que comenzó como un encuentro musical, hoy es también una plataforma de formación, memoria y proyección cultural”: Julia Salvi

Entre el 4 y el 12 de enero el Cartagena Festival de Música celebrará 20 años a través de 27 conciertos con invitados como la Orquesta de Cámara Franz Liszt, el violinista Maxim Venguérov y Paquito D’Rivera, entre otros invitados. La música colombiana será protagonista en las jornadas de cierre del evento. De manera paralela, una exposición en el Museo de Arte Moderno de Cartagena reúne las imágenes oficiales de todas las ediciones del Festival.

Por: Eduardo Arias

El alma y el cuerpo. Universalismo musical y las escuelas populares es el tema principal de la vigésima edición del Cartagena Festival de Música. En la edición con la que celebrará sus veinte años, que se realizará del 4 al 12 de enero de 2026, el festival propone una exploración de dos corrientes de pensamiento musical: una universalista, simbolizada en el Alma, y otra, nacionalista, que tiene como metáfora el Cuerpo. El Teatro Adolfo Mejía, las capillas de los hoteles Sofitel Santa Clara y Charleston Santa Teresa, así como el Palacio de la Proclamación, serán los escenarios donde se llevarán a cabo los 27 conciertos programados.

La primera parte de la programación parte del barroco, con Johann Sebastian Bach, y avanza por la música del período cásico a través de obras de Joseph Haydn, Wolfgang Amadeus Mozart, Ludwig van Beethoven y Franz Schubert. La siguiente estación serán las escuelas nacionalistas del siglo XIX, especialmente del este y el norte de Europa, con obras del noruego Edvard Grieg, el ruso Piotr Ilich Tchaikovsky, Bedřich Smetana, nacido en Bohemia, y el español Isaac Albéniz. A ellos se sumarán compositores latinoamericanos como los argentinos Carlos Guastavino y Alberto Ginastera, el cubano Ernesto Lecuona y los colombianos Adolfo Mejía y Luis Antonio Calvo, entre otros.

La ópera italiana también tendrá un espacio en un concierto en el que se interpretarán composiciones de Gioachino Rossini, Gaetano Donizetti, Giuseppe Verdi y fragmentos de Don Giovanni, una de las óperas italianas que Mozart creó junto al libretista Lorenzo da Ponte.

Además, en el Museo de Arte Moderno de Cartagena se abrió 29 de diciembre una exposición que reúne todas las imágenes oficiales de cada una de las ediciones del festival. La muestra tendrá como curadora a Nohra Haime, reconocida galerista, historiadora de arte y museóloga, quien desde hace más de 40 años impulsa el arte colombiano a través de sus galerías en Cartagena y Nueva York. Para conocer más detalles acerca del Festival a lo largo de estos 20 años, de esta edición y de la exposición, CAMBIO habló con Julia Salvi, directora general del festival.

CAMBIO: ¿Cómo ve desde la perspectiva de 2025 el comienzo y el desarrollo del Festival a lo largo de estos años?

Julia Salvi: Desde 2025 miro el Cartagena Festival de Música como una obra de largo aliento. Nació con una visión muy clara, impulsada por Víctor Salvi, su fundador, y por Charles Wadsworth, su primer director artístico. Desde el comienzo entendimos que no se trataba sólo de hacer conciertos de alto nivel sino de construir un proyecto cultural con vocación de ciudad, de formación y de permanencia. Con los años, esa idea inicial fue creciendo sin perder su esencia. El Festival se amplió, se volvió más complejo y más consciente de su papel en el país. Hoy, al celebrar 20 años, veo un recorrido coherente, un festival que comenzó como un encuentro musical internacional y que hoy es también una plataforma de formación, memoria y proyección cultural para Colombia.

CAMBIO: ¿Cómo han recibido el Festival músicos y especialistas de otras latitudes?

J. S.: La recepción ha sido profundamente respetuosa y, muchas veces, conmovedora. Los músicos y especialistas internacionales valoran la seriedad artística del Festival, pero también algo que no siempre es habitual: que su presencia en Cartagena no se limite al escenario. Desde la visión de Charles Wadsworth, el festival abrió la posibilidad de que los artistas compartieran su conocimiento a través de clases magistrales, encuentros y trabajo directo con jóvenes músicos. Muchos intérpretes me han dicho que Cartagena no es simplemente una fecha en su agenda sino un lugar donde sienten que su paso deja una huella real. Eso, para mí, es uno de los mayores reconocimientos.

CAMBIO: ¿Y cómo lo han recibido los colombianos?

J. S.: El Festival ha sido recibido por los colombianos como un espacio de orgullo y de apropiación cultural. He visto cómo el público ha crecido y se ha transformado con el tiempo, y cómo muchas personas sienten el evento como algo propio. Hay algo que me emociona especialmente: jóvenes que comenzaron asistiendo a conciertos participando en actividades formativas o escuchando por primera vez cierta música, y que hoy hacen parte de orquestas, programas académicos o trayectorias profesionales dentro y fuera del país. Ese vínculo profundo con el público colombiano es, sin duda, una de las mayores conquistas del festival.

CAMBIO: ¿De qué manera el Festival ha engranado con los proyectos de expansión de “lo sinfónico” en el país?

J. S.: El Festival ha engranado de forma natural con el crecimiento del sector sinfónico colombiano, sobre todo desde la formación y el intercambio. Un ejemplo muy claro es la Orquesta Sinfónica de Cartagena, que ha encontrado en el Festival un espacio de referencia artística, de contacto con repertorios exigentes y de encuentro con maestros internacionales. Siempre he visto el Festival como un complemento a los procesos educativos y orquestales del país. No sustituye esos esfuerzos, pero sí los potencia. Abre ventanas, crea redes y ofrece estándares internacionales que inspiran y elevan las aspiraciones de los jóvenes músicos.

CAMBIO: El compromiso social de la Fundación Salvi ha sido muy fuerte. ¿Qué logros destaca?

J. S.: El compromiso social y educativo no es un añadido. Está en el corazón del proyecto. A lo largo de estos años hemos construido varios ejes que considero fundamentales. Por un lado, las clases magistrales y los procesos de formación, que han acompañado de manera constante la programación artística y han beneficiado a generaciones de jóvenes músicos. Por otro, el programa ‘Armonía en Progreso’, en La Boquilla, que demuestra cómo la música puede ser una herramienta concreta de transformación social, fortaleciendo comunidad, disciplina y sentido de pertenencia. También el desarrollo de la lutería, que ha dignificado un oficio esencial, formando técnicos y creando conciencia sobre el cuidado del instrumento como parte integral del proceso educativo. Y, de manera muy especial, las becas y el apoyo a jóvenes talentos que, viniendo de contextos de bajos recursos, han podido acceder a estudios avanzados y hoy cuentan con trayectorias reconocidas a nivel internacional. Ver esos recorridos es una de las mayores satisfacciones que me ha dado el Festival.

CAMBIO: ¿Y qué falta por hacer?

J. S.: Falta lo más difícil: dar mayor continuidad y escala a estos procesos. Lograr que no dependan sólo del momento del Festival, sino que se sostengan en el tiempo y lleguen a más regiones del país.

Julia Salvi
Julia Salvi.

CAMBIO: ¿Por qué era importante celebrar estos 20 años no solo desde la música sino también desde las artes plásticas colombianas?

J. S.: Porque desde su origen, el Cartagena Festival de Música ha entendido la música como parte de un sistema cultural más amplio. A lo largo de estos 20 años, cada edición ha estado acompañada por una imagen concebida por artistas colombianos, invitados a interpretar visualmente el espíritu del Festival, su tema y su contexto. Estas imágenes dialogan con una tradición artística rica y diversa, que va desde los grandes maestros del siglo XX hasta voces contemporáneas profundamente conectadas con el territorio, la memoria y lo humano. Celebrar desde el arte plástico colombiano es reconocer que la historia del festival también se ha construido desde la mirada de los artistas.

CAMBIO: La exposición reúne las imágenes oficiales de todas las ediciones del Festival. ¿Qué cuenta este recorrido visual sobre la evolución del Cartagena Festival de Música y su diálogo con la creación artística del país?

J. S.: Este recorrido visual cuenta una historia colectiva y en movimiento. Las imágenes reflejan cómo el Festival ha dialogado, a lo largo del tiempo, con distintas sensibilidades del arte colombiano en un país donde la creación visual ha estado marcada por preguntas sobre identidad, memoria, cuerpo y territorio. En ese sentido, la exposición permite leer el Festival en sintonía con una tradición artística que incluye tanto la fuerza expresiva de maestros históricos como las búsquedas más conceptuales y sociales del arte contemporáneo colombiano. Es un archivo visual que acompaña, y a veces anticipa, las transformaciones culturales del país.

CAMBIO: La imagen de esta edición es Dos barracudas, de Alejandro Obregón. ¿Qué significa para el Festival elegir esta obra y qué representa su vínculo con Cartagena y con el espíritu de esta celebración?

J. S.: Alejandro Obregón es una figura central del arte colombiano y uno de los artistas que mejor supo traducir el Caribe en un lenguaje moderno, intenso y profundamente simbólico. Su obra está atravesada por el movimiento, la tensión y una relación visceral con la naturaleza y el paisaje costero. Dos barracudas condensa esa energía casi musical que caracteriza su pintura. Elegir esta obra para los 20 años del Festival es establecer un puente con los grandes referentes de nuestra cultura visual y reafirmar el vínculo del Festival con Cartagena, con el Caribe y con una idea de creación poderosa y viva.

CAMBIO: ¿Cómo fue el trabajo conjunto con de Nohra Haime, la curadora, y qué aporta su mirada a la forma en que el público se va a encontrar con estas obras?

J. S.: La curaduría de Nohra Haime aporta contexto, lectura histórica y sensibilidad. Su trabajo permite entender estas imágenes no sólo como piezas gráficas sino como obras que dialogan con distintas corrientes del arte colombiano y con los momentos culturales en los que fueron creadas. Gracias a su mirada, el público podrá reconocer cómo cada artista respondió a su tiempo y cómo, en conjunto, estas obras construyen una memoria visual del Festival que es también una memoria cultural del país.

Festival de Música Clásica de Cartagena

CAMBIO: Más allá de la conmemoración, ¿qué espera que el público local e internacional experimente al visitar esta exposición?
J. S.: Esperamos que el público experimente una comprensión más profunda del Festival como proyecto cultural. Que entienda que detrás de cada imagen hay una mirada artística situada, en diálogo con la música, con la ciudad y con el país. Para el público local, es un ejercicio de reconocimiento y memoria; para el público internacional, una forma de acercarse a la riqueza del arte colombiano, a sus tensiones, a su diversidad y a su potencia expresiva. La exposición invita a mirar la música desde el arte y el arte desde la música. Invitamos al público a visitar la exposición 20 años del Cartagena Festival de Música en el Museo de Arte Moderno de Cartagena, y a recorrer, a través de las obras de artistas colombianos, dos décadas de diálogo entre música, artes visuales y ciudad.

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