
Jaime Abello, el amigo de todos los periodistas
Jaime Abello Banfi, director general y cofundador de la Fundación Gabo.
El director general y cofundador de la Fundación Gabo fue galardonado con una Mención Especial de los prestigiosos Premios María Moors Cabot 2025, en homenaje a su trayectoria como defensor de la libertad de prensa y promotor de la ética y la excelencia periodística en América Latina. Perfil.
Por: Armando Neira
Muchos años atrás, un grupo de periodistas participaba en un taller en la sede de la Fundación Gabo, entonces llamada Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI), ubicada en la calle San Juan de Dios de Cartagena de Indias.
Entre los asistentes había reporteros que venían de cubrir la guerra en Afganistán. Aunque el anfitrión, Jaime Abello Banfi, se esmeraba en hacer agradables las jornadas —con buen café y abundante agua fría—, era inevitable que reinara una sensación de aridez, como si el desierto se hubiera filtrado en los reportajes. Los relatos de quienes venían de esa tierra hostil se imponían.
Tras varios días de reflexión y discusión, Abello dijo: “Nos vamos”. De pronto, el grupo viajaba a Barranquilla, al hogar de quien hoy es reconocido internacionalmente por su aporte al oficio: Mención Especial del Premio María Moors Cabot 2025.
Al llegar, el ambiente olía a sancocho hirviendo de pescado. “Sírvanse lo que quieran, se cambian y nos vemos ahora”, dijo Abello con naturalidad. El plato era delicioso. Había suficiente cerveza, gaseosa, ron. Nadie supo quién cocinó aquel manjar, y menos aún si había que cerrar la puerta al salir.
El grupo, vestido ahora con prendas multicolores, siguió en romería hacia la Vía 40, en busca de Abello Banfi, quien en ese momento encabezaba la comparsa 'Disfrázate como quieras'.
La sorpresa era total. ¿Cómo podía este metódico ejecutivo bailar con tan envidiable ritmo? ¿Qué sentirían las reporteras que pasaron de esconderse de francotiradores en cuevas a recibir flores del público?
La mejor noticia
En el primer taller de periodismo, García Márquez recibió a los participantes con emoción y confesó que esa fundación era su sueño. Habló del oficio con vocación de maestro: “La mejor noticia no es siempre la que se da primero, sino muchas veces la que se da mejor”; “En un buen reportaje puede no haber buenos ni malos, sino hechos concretos para que el lector saque sus conclusiones”.
Luego presentó a Abello y les dijo a los reporteros que quedaban en muy buenas manos. Habló de él con afecto sincero. Se hizo discretamente a un lado y escuchó en silencio, como uno más.
Abello, con sencillez y midiendo cada una de sus palabras, comenzó a trazar la ruta del taller con la precisión de un director de orquesta, una labor que desempeña de forma ininterrumpida desde hace tres décadas.

Por ese espacio han pasado firmas famosas y maestros consagrados, pero él ha sabido lograr que todos encajen en charlas con anónimos reporteros, estudiantes y públicos masivos.
En una profesión en donde los egos, las vanidades y envidias están a la vuelta de la esquina, él es siempre amable, generoso. Por eso, es amigo de todos.
Nacido en Barranquilla en 1958, este abogado egresado de la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá ha dedicado su vida profesional al periodismo, la comunicación y la cultura.
Amar el cine
Entre 1990 y 1995 fue director-gerente de Telecaribe. Antes, dirigió la Asociación Colombiana de Cinematografistas y la Cámara Colombiana de la Industria Cinematográfica (1987-1990). Su amor por el cine lo sintonizaba plenamente con García Márquez.
Desde la creación de la Fundación, trabajó hombro a hombro con el premio Nobel para convertirla en una plataforma de formación y excelencia profesional para periodistas de Iberoamérica.
“Yo lo conocía de tiempo atrás. El 28 de diciembre del 93 tuvimos una cena en Barranquilla. En ese entonces yo era gerente de Telecaribe y él me hablaba mucho de periodismo y de la necesidad de hacer talleres para los reporteros”, recuerda.
“Avanzada la noche, le pregunté por qué me contaba todas esas historias, y me respondió: 'Porque quiero que me ayudes a pensar cómo vamos a hacer esto de los talleres'. Durante 1994 estuvimos trabajando con él, otros colegas y consultores sobre el plan de acción, la metodología y el concepto de la fundación. Siempre con talleres prácticos como esencia, tal como él lo quería”.
Su talento para organizar es reconocido. Ha sido miembro de juntas directivas y consejos consultivos como el Consejo de Agenda Global sobre Sociedades Informadas del Foro Económico Mundial de Davos y el consejo directivo del Global Forum for Media Development (GFMD).
¿Cómo estaría hoy Gabriel García Márquez al ver lo que ha logrado la fundación en estos treinta años? “Estaría feliz, encantado”, respondió Abello en una entrevista reciente con CAMBIO.
“Rodrigo y Gonzalo, sus hijos y miembros de la junta directiva, nos han expresado su satisfacción por haber mantenido su legado: formar, inspirar, motivar y vincular a los periodistas de los países de lenguas española y portuguesa, para promover en ellos la excelencia, la coherencia ética y la innovación”.
La imaginación al poder
En la charla, contó que en “una ocasión estábamos en Monterrey, en la entrega de los premios que entonces se llamaban Premios Nuevo Periodismo. Tras unas sesiones magníficas y el encuentro con los ganadores, en la noche de despedida, Gabo dijo con mucha emoción una frase que luego usamos como título de un libro conmemorativo de nuestros primeros 20 años: ‘Y pensar que todo esto estaba en nuestra imaginación’”.
Hoy, Abello se muestra tan incansable como siempre, aunque con un dejo de preocupación. “Existe el peligro de convertirnos en rehenes mentales de grandes operaciones de manipulación”, advierte.
“Rehenes porque entregamos nuestra información constantemente, y las máquinas tienen una capacidad increíble para procesarla, interpretarla y perfilarnos. Todos estamos siendo analizados y clasificados de manera continua por múltiples actores”.
Y explica que no se trata solo de la vigilancia absolutista de un Estado controlador como China, que construyó la Gran Muralla Digital para aislarse de Occidente y ahora expande su influencia con tecnologías propias. Señala el “capitalismo de vigilancia”, liderado por las grandes empresas tecnológicas —las llamadas “Big Tech”—, cuyos líderes de Silicon Valley respaldan proyectos políticos autoritarios.
“Son quienes hoy apoyan y sirven de ideólogos a Trump y Musk, enemigos declarados del periodismo independiente”, afirma.
Por eso, Abello hoy dice que hay que estar más alertas que nunca para hacer bien el oficio.
El fantasma de la propaganda
Según él, el periodismo debe seguir siendo una herramienta creativa y rigurosa de investigación, verificación y explicación de la realidad, frente a la ficcionalización encubridora de la propaganda.
“Tiene la obligación de ser lo más exacto posible, evitar errores, conectar con la audiencia desde lo emocional sin caer en la desinformación y, sobre todo, mantener una ética intachable”.
Nunca para. Acaba de ser el alma de la edición número 13 del Festival Gabo en Bogotá —en el Gimnasio Moderno, la Red Distrital de Bibliotecas Públicas (BibloRed), el Centro Felicidad de Chapinero (CEFE), entre otros espacios—, recibe la Mención Especial de María Moors Cabot 2025 y aún tiene tiempo para invitar a la Biblioteca Nacional.
Allí estará hasta este 2 de agosto la exposición 'Todo se sabe: el cuento de la creación de Gabo', una muestra sobre su vida y obra que cuenta con cerca de 450 documentos y objetos personales, incluyendo manuscritos, cartas, fotografías y máquinas de escribir.
Trabajador incansable, pero eso sí, tan metódico que siempre saca tiempo para gozarse el carnaval de Barranquilla.
Lea los comentarios











