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La isla recibe en promedio seis millones de turistas al año.
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Puerto Rico: la Isla del Encanto de la que Bad Bunny no se quiere ir

Puerto Rico es mucho más que playas hermosas: es sabor, historia, música e identidad. Una joya caribeña donde lo latino se celebra con orgullo. CAMBIO recorrió la isla que hoy está en boca de todos gracias a la gira que Bad Bunny empezó allí. Esto fue lo que encontramos en un destino que, con razón, se puso de moda.

Por: Paola Herrera

Puerto Rico está de moda y no es solo por sus playas de postal ni por la arquitectura colorida de sus calles. Está de moda porque Bad Bunny, el artista más escuchado del mundo está haciendo historia en su tierra con una residencia de treinta conciertos que han llenado el popular 'Choliseo' en la capital de ese país y, además, encendieron la conversación sobre identidad, cultura y resistencia en la isla.

CAMBIO hizo maletas y viajó hasta el archipiélago para entender y conocer de primera mano qué es eso de lo que tanto habla el 'Conejo Malo' en sus canciones. Porque Puerto Rico, más que un destino turístico, es una identidad que se come, se baila y se canta. Solo basta con oler el sofrito al mediodía o escuchar una salsa en cualquier calle del Viejo San Juan para darse cuenta de que allí, la vida se disfruta y se vive con orgullo.

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Foto: Discover Puerto Rico

“No me quiero ir de aquí”

Apenas dos meses después de lanzar su nuevo álbum Debí tirar más fotos, Bad Bunny anunció una residencia de conciertos en San Juan. La residencia no es otra cosa que una gira en un solo lugar en donde el público es quien debe ir al artista y no al revés. Los que quieran ver a Benito, como le llaman en su casa, deben viajar hasta su tierra y conocerla.

El proyecto es un homenaje profundo a la también llamada Isla del Encanto, a su gente, su historia y su cultura. En los primeros días después del anuncio, todas las entradas se agotaron, y la residencia se extendió a treinta fechas, del 11 de julio al 14 de septiembre de 2025. Más de un millón de boletas ha vendido el cantante, para nacionales y extranjeros, y su objetivo de mostrar la identidad única de su natal PR ya se está empezando a materializar.

“No me quiero ir de aquí” es el nombre que le dio el cantante a esta serie de conciertos. Aunque para él es un acto de orgullo cultural, los cientos de turistas que están llegando al archipiélago reafirman lo bien que se siente estar allí, y por qué vale la pena conocer este destino vibrante de América. Las raíces profundas y las luchas históricas de este pueblo caribeño le han permitido sobreponerse a las adversidades y abrirle la puerta a la magia que se siente en cada plato, cada playa, cada canción y cada esquina.

Un país para saborear al ritmo de la música

Lo primero que hay que hacer cuando se está explorando Puerto Rico es, inevitablemente, probar su comida. Si hay un lugar que reúne en pocas calles toda esa identidad sazonada con orgullo, es el Viejo San Juan. Allí, entre fachadas de colores y balcones coloniales, comienza una travesía sensorial donde cada bocado parece tener historia.

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Foto: Discover Puerto Rico.

El recorrido gastronómico por este casco antiguo conserva la herencia española y caribeña en cada rincón. Los sabores y platos boricuas distinguen a la isla y se mezclan con su espíritu y su música. No en vano, canciones como Arroz con habichuela, de El Gran Combo de Puerto Rico, han hecho que medio continente se pregunte a qué sabe realmente ese plato que suena a fiesta.

Por eso no hay nada como empezar el día en un pequeño lugar que resume lo mejor de ese encanto puertoriqueño: Cuatro Sombras. Un café íntimo, cálido, lleno de sabor y aroma, donde el cortadito, hecho con café 100 por ciento boricua, se sirve con un croissant que, aunque es francés, tiene sabor isleño.

Más adelante, en Café al Punto, la tradición frita toma el protagonismo. Allí, una alcapurria recién hecha, con su masa crujiente de yuca y su relleno jugoso, puede ser el primer bocado de una cocina criolla que no pide permiso para conquistar. El ceviche, fresco y cítrico, ofrece un giro inesperado, tan bien logrado que podría medirse con orgullo frente a cualquier versión peruana.

El almuerzo definitivamente es el momento estrella: el típico mofongo con pollo criollo y arroz, que el turista puede preparar a su gusto, acompañado de una piña colada que le da el toque perfecto a un día de sabores y olores. El mofongo es un plátano frito que ha cruzado fronteras y representa como pocos platos la mezcla de las culturas caribeñas.

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El mofongo es uno de los platos típicos de Puerto Rico. Foto: Discover Puerto Rico.

Todo ese recorrido tiene banda sonora. En Puerto Rico, la música no espera a ser tocada, simplemente suena. Entre una esquina y otra, las notas del Gran Combo, de Willie Colón o de Héctor Lavoe se cuelan por las ventanas o retumban desde algún bar con puertas abiertas. Sin transición alguna, la salsa cede paso al reguetón demostrando que la isla no le pertenece a un solo ritmo. Allí se escucha y se baila lo que sea.

Para cerrar el día, un postre tres leches en Casa Luna puede poner la nota final. Suave y dulce, es el broche de oro perfecto para un recorrido en el que cada plato confirma que la gastronomía puertorriqueña no es solo herencia, sino también creación constante. Mientras se come, también se baila y se canta. No hay una calle donde no suene la música y no hay música que no haga recordar que muchos de los grandes artistas que conquistaron el mundo este y el siglo pasado, nacieron allí, en “puertorro”.

¿Qué más hacer en Puerto Rico? Conocer sus raíces es una toda una fiesta

Más allá del bullicio turístico y de las postales playeras, hay un Puerto Rico profundo, hecho de memorias, rituales y saberes transmitidos por generaciones. En la región de Loíza, al noreste del archipiélago, las costumbres todavía palpitan con fuerza. Allí, entre calles calurosas y un mar cercano, la herencia africana se conserva intacta.

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Foto: Discover Puerto Rico
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Al caminar por las calles de Loíza no se puede dejar de visitar una tienda-taller que parece salida de otro tiempo. Castor Ayala, uno de los artesanos más reconocidos del país, mantiene viva una tradición familiar: la creación de las máscaras de coco que se usan en las fiestas populares de julio, en honor a Santiago Apóstol. Talladas y pintadas a mano, estas máscaras no son simples souvenirs; son emblemas de resistencia cultural. “Esto no es solo una tienda. Es mi historia, la de mi papá, la de mis abuelos”, le dijo Ayala a CAMBIO, mientras tallaba una de sus piezas.

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Máscaras para las fiestas tradicionales en la región de Loíza en Puerto Rico. Foto: CAMBIO

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Castor Ayala heredó la tradición de su padre y es quien elabora las máscaras de Loíza. Foto: CAMBIO

Muy cerca, en una escuela de danza ubicada frente al mar, el legado se transforma en ritmo. Entre tambores vivos y personas que bailan se le da paso a la bomba, un baile que nació como forma de expresión entre los pueblos africanos esclavizados y que hoy sigue siendo un grito de libertad. Para bailar bomba hay que saber que el tambor no acompaña al bailarín, lo sigue. Quien baila, manda. Las mujeres alzan sus faldas con fuerza, giran, pisan y hacen que el cuero del tambor tiemble. Después de observar, también se aprende con pasos inseguros al principio, luego más libres, el cuerpo se conecta con la felicidad, se libera y se llena de una historia que no se cuenta, se siente.

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Foto: CAMBIO

Las raíces puertorriqueñas no solo crecen en su gente: también lo hacen en su tierra. A poca distancia de Loíza, se encuentra uno de los tesoros naturales más impresionantes del Caribe: El Yunque. Es el único bosque tropical dentro del Sistema Forestal Nacional de Estados Unidos y recibe casi 400.000 millones de litros de lluvia al año. Sus cascadas, orquídeas, helechos gigantes, imponentes tabonucos, las palmeras y el sonido de las aves convierten este ecosistema en un paraíso para fotógrafos, excursionistas y amantes de la naturaleza.

Al caer la noche, la isla muestra su otra cara. En una zona vibrante de San Juan, en el Centro de Convenciones, se levanta el Distrito T-Mobile, un lugar de entretenimiento con bares, restaurantes y pantallas gigantes que iluminan la noche caribeña. Aquí, la fiesta se reinventa: se sirve en forma de cócteles elaborados, se baila en cada rincón, se escucha en forma de música en vivo o de DJs que ponen a moverse a todos sin distinción. El ambiente es eléctrico, contagioso, perfecto para cerrar una jornada intensa con una dosis de sabor urbano. Es la prueba de que en Puerto Rico se puede comer bien, reír y brindar.

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Distrito T-Mobile es un complejo comercial y de entretenimiento ubicado en el Centro de Convenciones de Puerto Rico. Foto: Discover Puerto Rico.

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Foto: Discover Puerto Rico.

Aventura en alta mar

Si algo no puede faltar en un viaje por Puerto Rico es el encuentro con el mar. Fajardo, al este del archipiélago, presume algunas de las playas más hermosas de la isla y del continente. Son aguas turquesas con arenas blancas y paisajes costeros que ahora son orgullo nacional. Conocer este escenario no se trata solo de admirar la playa desde la orilla, aquí la mejor forma de explorarla es desde el agua.

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Playa de Fajardo en Puerto Rico. Foto: Discover Puerto Rico.

Para eso la mejor opción es hacer un recorrido en una pequeña lancha motora que permite explorar la costa con libertad y un poco de adrenalina. En convoy con otros navegantes, la ruta lleva hasta uno de los tesoros ecológicos del país: la Reserva Natural La Cordillera. Allí, entre arrecifes de coral y peces de todos los colores, una sesión de esnórquel guiado permite conocer el universo submarino que hay en Puerto Rico.

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Foto: Discover Puerto Rico
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Después del buceo, el descanso puede llegar en forma de arena suave y brisa salada en la playa de Icacos, una isla deshabitada que parece sacada de un sueño. Allí, bajo la sombra de una palma y con un refresco en la mano, el Caribe se siente más claro que nada. Qué mejor que terminar la tarde con unos buenos pasabocas, una linda compañía, el mar en calma y un cielo profundamente limpio. La experiencia es más que turística y se vuelve personal, íntima, de esas que se quedan en la piel.

Un final con sabor a historia

Como si la isla quisiera dejar el mejor sabor para el final, que mejor que terminar otra vez en el Viejo San Juan, esa joya colonial donde cada rincón guarda una historia. Esta vez, para descubrir un lugar tan mágico como delicioso: Chocolates Cortés, una empresa familiar de cuarta generación que representa con orgullo el alma dulce del Caribe.

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Foto: Discover Puerto Rico
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Fundada en 1929 por don Pedro Cortés Forteza en la República Dominicana, esta marca cruzó el mar hasta Puerto Rico para convertirse en una de las más queridas por generaciones de boricuas y dominicanos. Aquí, el chocolate no es solo un producto, es una herencia. Desde el grano hasta la barra, todo el proceso se realiza con un compromiso profundo con el cacao caribeño.

En su espacio del Viejo San Juan, la experiencia es más que una visita. Allí el plan ideal es un brunch multisensorial donde el chocolate aparece donde menos se espera. Platos salados con notas dulces, salsas oscuras y espesas que transforman lo cotidiano en algo inolvidable. Para cerrar, una revelación: Old Fashioned con chocolate que desafía las reglas del paladar. su sabor intenso, aromático y balanceado lo convierte en algo que no se olvida fácilmente.

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Foto: Discover Puerto Rico
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Chocolates Cortés no es solo una cafetería o una tienda: es una cápsula de tiempo y de sabor, donde se puede sentir cómo una tradición se ha mantenido viva a punta de aroma, pasión y familia.

Otros lugares recomendados

Poets Passage
Cafe Caleta
Librería El Laberinto
Collective Request
Museo Las Américas
Museo Casa Blanca
La Factoria

Bad Bunny puso a Puerto Rico en la conversación global, pero lo que ocurre allá va mucho más allá de la música. La isla ofrece una experiencia completa: cocina vibrante, paisajes naturales de otro mundo, una cultura que no ha perdido ni una pizca de su autenticidad y un pueblo orgulloso de su historia, su sabor y su identidad.

Puerto Rico no es solo una isla: es un símbolo vivo de resistencia cultural en medio de una condición colonial que aún persiste bajo el dominio de Estados Unidos. Aunque políticamente se considere un “territorio no incorporado”, su gente se siente profundamente latina, orgullosa de sus raíces afrocaribeñas, taínas y criollas. Gracias a figuras como Bad Bunny, que ha hecho de su arte un acto de afirmación cultural, nuevas generaciones están redescubriendo su historia y abrazando su identidad con fuerza y dignidad.

Para los colombianos, que muchas veces piensan primero en destinos como Cancún o Punta Cana, Puerto Rico es una joya todavía por descubrir. Un Caribe distinto, con alma latina y ritmo propio. Aunque para ingresar se requiere visa estadounidense y se paga en dólares, eso no es una barrera porque los precios son accesibles, el trato es cálido, la entrada al país es tranquila y todo, desde la comida hasta la hospitalidad, hace que definitivamente la inversión valga toda la pena.

La Isla del Encanto no solo pertenece a los puertorriqueños. Es una tierra con la que todos los latinos podemos identificarnos. Así que si algo queda por hacer después de leer esto, es sencillo: empacar maletas, abrir el corazón y dejarse llevar por el encanto boricua.

*Esta nota fue hecha gracias a la invitación de Discover Puerto Rico

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